La reina Victoria de Inglaterra, monarca británica cuyo reinado ha sido el más duradero, con la excepción de Isabel II, actual soberana del País, ha recibido la frecuente atención del cine comenzando en el año 1937 cuando se estrenó Victoria the Great seguida de Sixty Glorious Days, ambas películas con la entonces muy popular Anna Neagle como protagonista. Desde entonces Irene Dunne en The Mudlark, del año 1950 y más recientemente, Judy Dench en Mrs. Brown se han ocupado de revivir en la pantalla a esa reina de Gran Bretaña.

Hoy, con el estreno de Victoria y Abdul se revive la relación entre Victoria ya anciana y próxima a morir y Abdul, su sirviente hindú.

La cinta, dirigida por Stephen Frears y protagonizada por Judy Dench y Ali Fazal, cuenta en la dirección con un realizador británico al que le debemos la excelente The Queen, retrato de Isabel II, protagonizada por Helen Mirren que le valiera a dicha actriz el Óscar correspondiente a la mejor interpretación femenina protagónica del año 2006, combina tanto elementos de crítica social como una presentación muy libre de la figura principal y de su relación con el sirviente hindú.

El inicio de la cinta, sobre todo, es extremadamente ágil y combina, alternándolas, las vidas de sus dos protagonistas: una, la de la reina, aislada y solitaria, cansada del protocolo y la etiqueta y la otra, libre y tumultuosa entre las multitudes de la India.

Ese comienzo también aporta un elemento de sorpresa. Consiste en la demora en hacerle ver al público la cara de la reina Victoria, presentándola al fin a los espectadores, visiblemente aburrida ante el tipo de vida que lleva. La llegada de Abdul y su compañero, nada inclinado a rendirle pleitesía y homenaje a la monarca ya que era a sus ojos la representante del dominio colonial ejercido por Inglaterra sobre su país, abre la cinta a pasajes cómico-satíricos, tono que predomina en el filme antes de pasar a lo dramático representado por la concertación de fuerzas muy poderosas contra el sirviente Abdul. Las preside el hijo de Victoria, el futuro Eduardo VII, que se convierte así en el villano de la película.

Como película Victoria y Abdul resulta entretenida, ligera y agradable a la vista no empece que se haya prescindido de la exactitud histórica en favor de una presentación de la reina muy simpática. Esa visión también conlleva la presentación del futuro Eduardo VII en forma muy negativa.

En las actuaciones se impone, como era de esperarse, la de Judy Dench en el papel central. La actriz se posesiona del rol y posiblemente alcanzará una nueva nominación para el “óscar” de mejor intérprete femenina protagónica del año que decursa.

Las reinas, pues, le sirven muy bien a Judy Dench que ganó ya un premio de la Academia por su caracterización de Isabel I en Shakespeare in Love y obtuvo también de ese cuerpo otra nominación al representar a la reina Victoria en la cinta titulada Mrs. Brown, ya mencionada.

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