Siguiendo la temática de semanas anteriores, el Profeta Isaías indica que todo aquel que no sea judío, pero que guarda los preceptos del Señor, también está destinado a recibir la salvación del Señor.
En la Carta a los Romanos, establece San Pablo que su ministerio apostólico se vuelca hacia los gentiles, o sea, a los que no son judíos, que han sido más receptivos que los mismos judíos en recibir el mensaje de salvación.
San Mateo en su evangelio, nos presenta uno de los episodios más chocantes de la vida de Jesucristo: su inicial rechazo en ayudar a la cananea, para luego alabar su fe.
¡Ay de los exclusivismos que tanto daño hacen a la Iglesia y a la salvación de las almas! Una de las actitudes que más me preocupan y me hacen ver que un grupo eclesial no está dirigido por el Espíritu Santo, es cuando veo una actitud exclusivista del mismo y me percato cuando sus dirigentes dicen que, si no son parte de su grupo, no están bien ni se van a salvar. Esta actitud la he visto incluso en sacerdotes. ¡Dios nos libre! A propósito, ya que en las redes estamos viendo el problema de la Fraternidad San Pío X y les excomuniones que el Santo Padre tuvo que expedir, uno de los problemas de los lefevristas es que se creen con el monopolio de la salvación, y están con el sonsonete que fuera de la Iglesia no hay salvación, cuando la Palabra de Dios dice lo contrario.
Estamos, la Iglesia es la fuente de la salvación puesto que, a través de ella, Jesucristo santifica el mundo, derramando su gracia a través de los sacramentos. Pero este derramamiento de gracia está dirigido a muchos, al mundo entero, y el mundo está invitado a recibir esta gracia. De hecho, en el proceso evangelizador, la Iglesia no impone, sino que testimonia su fe para enamorar a la gente a seguir a Jesucristo.
En la 1ra lectura, Isaías les dice a los gentiles, o sea a los que no son parte del pueblo de Israel, que si aceptan los mandamientos del Señor y viven la vida de acuerdo con como Dios se lo ha expresado al pueblo de Israel, ellos serán salvos. Para los no judíos, las puertas de la salvación no están cerradas y ellos están invitados a ella. San Pablo le dice a los gentiles que él fue enviado a ellos para que tengan la oportunidad de escuchar el mensaje del Evangelio y de aceptar a Jesucristo como su Salvador.
Me acuerdo cuando leí por primera vez este pasaje del Evangelio: me caí para atrás, no podía creer cómo Jesucristo le había salido “de atrás padelante” a la pobre mujer cananea, la no judía. Sin embargo, ella con su humildad y su fe, le arranca a Jesucristo el milagro. Obviamente, la primera lección de este pasaje es que tenemos que acercarnos a Dios con humildad y fe, algo que lo hemos hablado y lo seguiremos hablando. Pero también nos enseña que, todos los pueblos son destinatarios de la salvación de Dios.



