La Pascua no solo es tiempo de jolgorio, sino también es tiempo de enfrentarnos cara a cara con las exigencias de la Resurrección. Terminemos lo comenzado la semana pasada, sigamos cuestionándonos con las interpelaciones que son leídas en Hechos 2, 42ss. Comparando nuestro estilo de vida con el de esta primera comunidad cristiana, ¿acaso está bien conformarnos con dar poco o mucho para la caridad mientras nos arraigamos a la acumulación personal de las riquezas? ¿Cuántos venderíamos nuestros bienes y propiedades para dar el dinero a los pobres? ¿No estamos dispuestos a hacernos pobres con los pobres? Eso fue lo que hicieron los primeros cristianos. Vivimos creyendo que este sacrificio solo les aplica a los religiosos y misioneros que entregan todo para morir con y para los pobres.

Ellos seguirán entregándolo todo, pero el Reino de Dios no será posible hasta que, como Iglesia, todos nos empeñemos en la erradicación de la pobreza y la injustica social. ¿No nos damos cuenta que esta comunidad se ganaba la simpatía del pueblo por medio de sus acciones transformadoras de la sociedad? Mientras tenemos miles de cristianos muriendo por el Reino, sus victorias son opacadas por la indiferencia de todos, muchas de ellas caducas, que no dicen nada a la sociedad actual. Entremos en un serio proceso de reflexión y veamos cómo podemos cambiar para asemejarnos verdaderamente a aquella bella comunidad. Una que más que primitiva, era la más madura y cercana al Reino de los cielos. ¿Somos nosotros los primitivos? Caminemos con esperanza el gran camino que nos falta recorrer.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here