Siguen produciéndose los estrenos de películas animadas. Abundan por el éxito que alcanzan en las taquillas del mundo y, como para muestra basta solo con un botón, la recién exhibida Finding Dory figura ya entre las cintas más rentables del año en curso. Se hacen, también, teniendo en cuenta la temporada veraniega en que los niños están libres de sus deberes escolares y disponen de mucho tiempo, lo que mueve a los padres y adultos a su cuidado a llevarlos con más frecuencia al cine.

Ice Age: Collision Course, acabada de estrenar, pertenece a ese género tan en boga en nuestros días. Se distingue, sin embargo, de sus predecesores en la pantalla grande por tener un estudio diferente y por ser una quinta entrega de lo que parece ser una serie inagotable.

Es esa misma condición de película de seguimiento lo que trabaja en contra de la cinta, ya que se hacen estas continuaciones por el atractivo que generan a sus personajes por lo que las tramas de las mismas resultan cada vez más endebles.

En Ice Age: Collision Course, dirigida por Mark Thumeier, reaparecen los personajes favoritos del público que ha seguido la serie: un conjunto de animales entre los que sobresalen una familia de mamuts (especie de elefantes que vivió en las regiones de clima frío durante la época cavernaria), una suerte de ratas cantarinas, un tigre y su pareja y, por supuesto, una ardilla que busca incesantemente comerse una bellota, y en el intento produce un cataclismo de terribles proporciones ya que un enorme meteorito se dirige a suma velocidad contra la tierra, amenazándola con la destrucción total.

Una comadreja se hace también presente en la trama y se convierte en la guía del grupo de mamíferos que bajo su dirección intentará evitar el siniestro que amenaza con la desaparición de nuestro planeta.

Tal trama no solo resulta predecible sino que es a menudo en situaciones en las que abundan los diálogos que repiten lo ya conocido de estos personajes. Queda, pues, introducir de continuo en el filme el incesante movimiento que deleita y acapara la atención de los niños. Para ellos el argumento es lo de menos y lo esencial es esa rapidez y movilidad suma que caracteriza las escenas de acción.

Hay que destacar que pese a su tema de destrucción y catástrofe, evitadas en el último minuto, la película enfatiza el amor entre los diferentes miembros del grupo y, en especial, en la pareja de mamuts y su hija, que se dispone a abandonar la compañía de sus padres para formar una nueva pareja; así como la solidaridad y apoyo en los momentos de peligro.

Clasificada ‘PG’, se sugiere la orientación de padres y guardianes, por la clasificación voluntaria de la industria; está pendiente de conocerse la clasificación católica.

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