En las últimas semanas has escuchado el término: perspectiva de género. No pretendo disertar sus postulados, debes investigar y llegar a tus propias conclusiones, pero sí compartiré una pequeña reflexión. He visto cómo decenas firman causas demandando la remoción de libros pornográficos de las escuelas públicas y para erradicar el currículo escolar de perspectiva de género, del cual alegan es una amenaza para los cimientos de la familia, la concepción y la sexualidad como don de Dios. Sus defensores la escudan como la educación que hará justicia a la equidad entre hombre y mujer en todas sus facetas, llamándola “educación liberadora”. Entiendo que denunciar propuestas amenazantes para Evangelio es una causa justa, pero me incomoda que algunas campañas partan de la intolerancia, la provocación y el fundamentalismo religioso. Erróneamente pareciera que entorpecemos la sanación de la enfermedad que sufre la educación puertorriqueña. No neguemos que necesitamos una educación que nos libere de los arraigados y mortíferos prejuicios, discrimen y racismos que corrompen a nuestro pueblo. Está bien que nos opongamos a la perspectiva de género, pero la educación no puede seguir igual. Injustamente, ante una juventud con fuerte aversión a lo religioso y apática de Dios, solo parecemos un montón de retrógradas que defendemos la desigualdad. ¡Denunciemos lo que esta mal, pero nuestra denuncia tiene que estar acompañada del anuncio de soluciones complejas y profundas que emanen del Evangelio, para sanar a nuestra gente de la educación enferma de estereotipos y etiquetas! ¡Vamos a luchar por una educación en la que todos encuentren su plenitud en el amor liberador de Cristo!

Para aportar a este camino hago las siguientes preguntas, que sus respuestas deben hallarse en un plan educativo liberador para los puertorriqueños: ¿Cómo lucharemos contra el odio por la orientación sexual diferente? ¿Quién sanará nuestras familias de la sangre derramada por la violencia doméstica? ¿Cómo bajaremos las muertes de jóvenes desertores escolares en las calles de nuestro país? ¿Cuándo dejaremos de pensar que hay un problema en el niño que desea ser estilista y la niña que sueña con ser mecánica? ¿Cómo lograremos equidad de género en el ámbito laboral? ¿Cómo educaremos a la juventud en el respeto y el valor del cuerpo y su sana sexualidad? ¿Cómo lucharemos contra la imposición de roles de sumisión y obediencia de la mujer bajo el hombre? ¡Sí! Nos oponemos a la perspectiva de género, entonces escuchemos al Espíritu Santo y encaminémonos ya hacia la educación verdaderamente liberadora.

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