Uno de los valiosos eslabones en la cadena de evangelización, formación e información a través del único semanario católico en Borinquen son los fieles y laboriosos distribuidores. Carmen Cotto,

D. Miguel Vélez, D. Aníbal González, Jorge Cardona, Jorge Maldonado, Néstor Ramos, Ramón Pérez Fortuna, Ricardo Rivera y Wigberto González, semana a semana santifican la madrugada fría y obscura para sacar de la prensa caliente la edición más reciente -aún húmeda por la tinta- y llevarla a las cientos de parroquias en las seis diócesis. Ellos son un puñado de ladrillos sólidos en la columna del puente de común unión que persigue El Visitante de Puerto Rico.

El sendero por los valles, las montañas, los pueblos o las costas no debe ser faena simple aunque seguramente hermosa. La Creación de Dios los rodea desde el Viejo San Juan hasta la Ciudad Señorial; desde la villa del Capitán Correa hasta la ciudad del Beato; desde el Boquerón de Cabo Rojo hasta El Yunque; desde las montañas de Orocovis hasta el Santuario de la Providencia; o desde Guajataca hasta Guavate. Deben ser incontables las anécdotas o vicisitudes en la gesta que con total certeza guardan en sus corazones.

A la dama y los caballeros del camino extenso los protege, acompaña y bendice el dueño del proyecto, quién quiere llegar a cada hogar, familia, enfermo, atribulado, cautivo, tanto al fiel como al pecador y, más aún, a los alejados sin importar su edad o condición social. Es Nuestro Señor Jesucristo que se vale de estos distribuidores, otros instrumentos, para poder llegar a los templos y de ahí de mano en mano en blanco y negro, también a color, poder lanzar semillas de esperanza en la sencillez del papel, en otro de sus instrumentos para llevar la Palabra: El Visitante.

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