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La Doctrina Social de la Iglesia ha dedicado espacio a la discusión de los problemas ambientales y los ha entendido como un asunto Social, que requieren atención en respuesta al mandato de Dios de que el hombre sea administrador de la Creación. Las capacidades tecnológicas y el desarrollo científico han hecho al hombre sentirse dueño de la creación, esto le ha llevado a la concepción equivocada de que: “existe una cantidad ilimitada de energía de recursos utilizables, que su regeneración inmediata es posible y que los efectos negativos de las manipulaciones de la naturaleza pueden ser fácilmente absorbidos…” (Compendio de Doctrina Social 462). Contrasta con esta visión del hombre moderno la realidad de que ya en varias ocasiones se han desatado crisis energéticas, algunas de carácter mundial.

Una crisis energética surge cuando la oferta de fuentes de energía es menor a la demanda en forma significativa. La primera crisis de carácter mundial se desató en 1973, tras la decisión de los países árabes de la Organización de Países exportadores de Petróleo de no abastecer la demanda de aquellos países que habían apoyado a Israel en la guerra del Yom Kippur. Más tarde en la década de los 2000 surge otra crisis, debido al aumento sustancial en la demanda, la reducción en los abastos de petróleo y el aumento en la especulación en los mercados de materias primas.

A partir del 2021 nos enfrentamos a una nueva crisis que surge del aumento de la demanda por combustibles tras el primer año de fuertes restricciones por la pandemia de COVID-19.  A esto se añade el impacto en materia de energía que trajo el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania.  Los países más poderosos del mundo iniciaron una serie de sanciones a Rusia, un gran productor de petróleo, entre las que se encuentra la reducción drástica en la compra de combustibles. Un factor adicional es que la inversión en la producción de energía de fuentes renovables no ha ido a la par con la reducción en la producción de fuentes no renovables, lo que crea un vacío de oferta. El resultado inmediato de esta nueva crisis ha sido un alto nivel inflacionario, tanto en los países europeos como en Estados Unidos.

Las consecuencias de la actual crisis energética no se reflejan solo en un aumento en la inflación, sino, además, en una reducción del crecimiento económico, aumentos en los niveles de desempleo y en un aumento en la desigualdad económica en los países. Todas estas consecuencias contribuyen a agravar los problemas sociales, que afectan la consecución del bien común.

Uno de los pasos que hay que tomar ante esta crisis energética es la transición más acelerada a fuentes de energía renovable. En su discurso a los participantes en la conferencia “Transición Energética y Cuidado De Nuestra Casa Común” el 9 de junio de 2018, el Papa Francisco se expresa: “La cuestión energética se ha convertido, pues, en uno de los principales desafíos, tanto teóricos como prácticos, para la comunidad internacional. De cómo se gestione dependerá la calidad de vida y que los conflictos presentes en diferentes áreas del planeta encuentren una solución más fácil, o que, debido a los profundos desequilibrios ambientales y a la escasez de energía, hallen un nuevo combustible para alimentarse, quemando la estabilidad social y vidas humanas. Por lo tanto, es necesario identificar una estrategia global a largo plazo que ofrezca seguridad energética y favorezca de ese modo la estabilidad económica, proteja la salud y el ambiente y promueva el desarrollo humano integral, estableciendo compromisos claros para abordar el problema del cambio climático.”

La contribución de todos al problema de la crisis energética también implica moderar nuestros estilos de vida y reducir el consumo innecesario de energía.  La Iglesia en su Doctrina Social, nos exhorta a construir estilos de vida, a tenor de los cuáles la búsqueda de la verdad, la belleza y del bien, así como la comunión con los demás hombres sean los elementos que determinen nuestras opciones de consumo, de ahorro y de inversión (CDSI, 360). Seamos consumidores conscientes y responsables, no seamos propensos a la acumulación innecesaria, ya que la posesión y el goce inmediato fácilmente nos convierten en esclavos (CDSI 334).

(Puede enviar sus comentarios al correo electrónico: casa.doctrinasocial@gmail.com).  

Nélida Hernández

Consejo de Acción Social Arquidiocesano

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