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“El pueblo salva al pueblo” es una frase que se ha vuelto muy popular luego del paso del Huracán Fiona por Puerto Rico. Cuando los puertorriqueños pasan por situaciones de aprieto, se unen para ayudar a los que necesitan. La experiencia del Huracán María en el 2017 fue aprendizaje para muchos no esperar por nadie para salir a dar la mano. Por eso, entidades y grupos de voluntarios anónimos han hecho hasta lo imposible para levantar la Isla con ayuda de Dios y de los mismos compatriotas. Este es el caso de un grupo de amigos y conocidos del área norte y metropolitana que se han unido desde el 2017 para apoyar y servir a familias afectadas por los huracanes y terremotos de los pasados 5 años. 

El colectivo se compone de personas de todas las edades, con diversidad de dones y talentos. Elizabeth Ortiz Laviera, una de las coordinadoras del grupo de voluntarios, explicó en entrevista a El Visitante que “todos tienen iniciativa y liderazgo”, y que son personas proactivas que hacen que cada una de las misiones sean fructíferas. “Lo que le falta uno, lo complementa el otro; nos ayudamos”, agregó Ortiz. 

Con el Huracán Fiona, entendieron que era necesario activarse y salir nuevamente a la misión. Tan pronto pasó el huracán, comenzaron a organizarse, solicitar donaciones y a identificar distintas áreas en los municipios más afectados. En menos de una semana ya estaba todo listo para partir hacia la primera comunidad en la Playa de Salinas, donde habían solicitado asistencia de diversas maneras. 

En este caso, pensaban que la necesidad era una y resultó ser más allá de simplemente agua y comida. Carecían también de mano de obra. Elizabeth comentó que “el deseo de nosotros, sin importar con lo que nos encontremos, es ayudar a la gente de cualquier manera, pero no sabíamos qué era exactamente lo que íbamos a hacer. Teníamos como referencia lo que habíamos hecho después del Huracán María, que era dar suministros casa por casa, pero entendíamos que podíamos hacer un poco más”, afirmó Ortíz. 

Además de llevar y repartir comida caliente por las calles de la comunidad costera, tocó “enrollarse las mangas” y ponerse los guantes para limpiar una casa que había sido desalojada en medio de las inundaciones provocadas por el huracán. El agua había ocupado varios pies de la residencia de una de las familias del vecindario, quienes habían llegado casi al mismo tiempo que la brigada de voluntarios. 

En la incredulidad por haber perdido sus pertenencias, tuvieron que ayudarle a sacar sus cosas y limpiar la residencia en su totalidad. “Manos a la obra”, dijeron. Mientras unos iban removiendo escombros y limpiando, otros asistían con su acompañamiento para minimizar niveles de estrés y ansiedad. Ortiz añadió que esto es clave en el proceso de recuperación de las personas ante situaciones como estas. También, que el hecho de que “la casa se viera en mejor estado” les hizo comprender que hubo alguien con ellos para apoyarles y recibir un poco de esperanza. La encomienda principal de llevar víveres resultó ser igual de importante. 

Por otra parte, Elizabeth comentó que lo más difícil de este tipo de labores es la coordinación con líderes comunitarios, ya que es importante la comunicación y colaboración de estos para poder suplirles lo necesario. La recaudación de alimentos y artículos es otro de los retos. Sin embargo, la gente siempre se desborda en la caridad. Muchos han visto el trabajo realizado por este grupo y ponen en ellos su confianza para hacer llegar sus donaciones. “No somos una entidad, somos unos cuantos amigos que nos unimos a hacer una labor, pero que cada uno tiene un testimonio de vida que respalda la confianza que las personas ponen en nosotros”, completó. 

Ortiz Laviera expresó también que sienten una gran satisfacción al ver el trabajo cumplido y haber alegrado a la gente con sus ayudas, o simplemente con un rato de compañía. “Muchas veces pensamos que estamos dando y llevando algo, pero han sido tantas las veces que hemos recibido mucho más que reconocemos lo bendecidos que somos”, declaró. Por eso Elizabeth se siente agradecida de poder ayudar a otros. 

Finalmente, el llamado que realizó fue, “como Iglesia, a salir” y hacer algo por las necesidades de los demás. Ir al encuentro del necesitado, así como invita el Papa en estos tiempos difíciles. “Para mí es importante ayudar porque es de la manera en que puedo dar un poco de todas las bendiciones que he recibido”. 

De igual forma, exhortó a “llevar el reflejo de Dios, que no solo debe estar dentro de las paredes de una iglesia”, sino en todas partes… “En momentos de necesidad, ahí es que el pueblo de Dios debe decir ‘aquí estamos’. Hay que subirse las mangas y enrollarse los pantalones, porque desde un banco –de la iglesia– nos olvidamos de la gente de afuera. Y cuando la gente sufre, hay que sufrir con ellos”, culminó. 

Jorge L. Rodríguez Guzmán 

j.rodriguez@elvisitantepr.com 

Twitter: jrodriguezev 

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