Myriam Rivera Pérez labora en la Librería Católica San Francisco de Asís en Aguada desde hace 8 años. Para esta mujer, su trabajo es otra manera de continuar evangelizando.

Desde su posición detrás del mostrador exhorta a los clientes a orientarse y aprender más sobre la Iglesia para saber defender la fe católica.

Más allá de sus labores, Myriam ha dedicado toda una vida de trabajo y servicio a la Iglesia. Fue a los 13 años cuando recibió el llamado de parte de una laica comprometida para pertenecer a un grupo de jóvenes.

“Para aquel momento estaban las Hermanas Misioneras del Buen Pastor, ahí empezamos perseverando en el grupo de jóvenes ‘Juventud, sol y esperanza del mañana’, que luego fuimos formalizando. Estuve ahí desde los 13 hasta los 19 años”, recordó.

A su vez comenzó a dar catequesis y aunque tal formación doctrinal no estaba dividida en niveles como ahora, preparaba a los niños para la comunión. “Al día de hoy ya están casados y con hijos. A veces cuando me ven, me dicen: ‘Misis, tú te acuerdas de mí’ y les digo: ‘No’, ¡Es que han pasado tantos años!”, compartió entre risas.

La vida de fe de Myriam se traduce en 25 años de servicio ininterrumpidos. A nivel parroquial perteneció por alrededor de cinco años tanto en el comité de Liturgia como en los talleres pre bautismales.

Nuevamente se reincorporó a la catequesis y fungió como coordinadora en su barrio, Piedras Blancas por espacio de 10 años. Durante su posición en la coordinación sintió la inquietud para la predicación, a la que actualmente se dedica más.

Debido a la situación de salud de su mamá optó por recesar de varios de sus compromisos para cuidar de ella. No obstante, aseguró que distanciarse por algún tiempo de sus funciones no fue una decisión fácil.

“Cuando tú aprendes a vivir desde una vida donde el Señor es el centro, así como la misa y la eucaristía son el centro de tu vida, es un poco difícil. En estos dos años yo sentía como un vacío porque mi vida es esa, ahí es donde consigues el motor, la esencia”, admitió la coordinadora.

Añadió que: “Cuando te enfrascas en una situación, en mi caso fue la situación de salud de mami, eso te consume como ser humano. El balance en tu vida espiritual es necesario para poder bregar con las situaciones humanas. A veces creemos que no, que dejar la Iglesia es lo más fácil para dedicarte plenamente a otras responsabilidades, pero lo que haces es morirte”.
Por otra parte, Myriam señaló que añora grandemente el día en que la Iglesia sea dirigida por jóvenes. “Yo veo esta iglesia llena de tantos jóvenes y sabios; hacen falta mentes jóvenes que tomen las riendas de esto. Mentes con ganas de hacer cosas nuevas, de renovar la Iglesia de Cristo para que esto siga”, destacó.

De una vez recordó que los adultos “debemos motivar a los jóvenes a que se comprometan por su Iglesia”. En un llamado a la confianza Myriam hizo eco de las palabras del Papa Francisco y dijo: “(Hay que) hacer lío y para hacer lío hay que arriesgarse. Y es decir yo puedo, y creer en ti”.

“(Los adultos) tenemos que aprender a confiar en ellos (los jóvenes) y a ceder nuestros espacios también para que esos jóvenes crezcan y experimenten todo lo que nosotros experimentamos, porque al final de cuentas la Iglesia también les pertenece a ellos”, expresó Myriam.

Finalmente, al terminar sus discursos la predicadora acostumbra a compartir dos aspectos, primero invita a: “No tener miedo porque estamos en la Iglesia verdadera; y segundo, a creer que en el momento de la eucaristía Dios se hace presente pues está en la palabra y fue Jesús mismo quien lo dijo”.

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