“Los 50 años han sido una vida plena, completamente alegre, estoy satisfecho del trabajo que he podido realizar. Estoy profundamente feliz y agradezco a Dios que me diera la oportunidad de su misericordia para ser sacerdote suyo”. Con estas palabras Padre Víctor Pérez Avilés, O.P., describió su sentir ante su Aniversario de Oro sacerdotal.

Natural del Barrio Bucarabones en Toa Alta, el segundo de nueve hermanos compartió con El Visitante su filosofía de vida y sostuvo que: “En la vida el ser humano tiene que realizar algo y lo mejor que puede realizar es trabajar para los demás y yo consideré que la mejor manera de trabajar para los demás era siendo sacerdote”.

Siendo los dominicos la orden con la que compartió durante sus primeros años de vida, confesó que de la congregación lo más que le llamó su atención fue la predicación, la vida comunitaria, la vida de oración y el servicio a los demás. Como consecuencia recibió su llamado a los 23 años, misma edad en la que decidió entrar al seminario cuya preparación consistió de 9 años. Finalmente el 15 de julio de 1967 se ordenó sacerdote.

Sobre las distintas misiones a lo largo de este medio siglo al servicio de la Iglesia, recordó que su primera asignación fue en Yauco de 1968 a 1969. Luego partió para el área metro donde estuvo en los municipios de Guaynabo, Cataño y Bayamón hasta el 2000 para regresar nuevamente a Yauco donde está desde entonces y actualmente es ayudante del párroco.

De su juventud compartió que además de ser sacerdote consideró continuar estudios universitarios ya que cuando tomó el examen del College Board, fue la puntuación más alta en su escuela y la segunda en la región. Sin embargo, sus resultados fueron el fruto de mucho esfuerzo y de trabajar duro, ya que por la mañana le tocaba ayudar a sus padres en el hogar. A pesar de que le daban beca para ir a la universidad optó por ingresar al seminario.

“Hice la escuela superior por la noche en Bayamón y me tenía que ir de Bayamón hasta mi Barrio Bucarabones en mi pueblo de Toa Alta caminando, me tardaba como hora y media, porque en aquel tiempo no había la facilidad que hay hoy día”, mencionó. Asimismo sostuvo que un hecho que posiblemente le motivó a optar por el sacerdocio fue que “ir a misa en domingo era de las alegrías en mi juventud, ese día era tan especial para mí, que fue algo que me marcó para siempre”.

Para este fraile dominico no hay excusa para dejar de servir al prójimo. Más allá de la vida parroquial, ni su edad de 82 años ni su salud un poco quebrantada le impiden dejar de visitar enfermos en los hospitales. “Siempre trato de exaltar alguna alegría en la persona que voy a ver en ese momento de dificultad, de dolor. Trato siempre de provocar alguna alegría en el paciente, con un pequeño chiste, con una anécdota, con algo jocoso”, expresó.

En cuanto a ser sacerdote describió que la palabra idónea es “alegría, la alegría de ser sacerdote” precisó con especial énfasis en que si volviera a nacer volvería a ser sacerdote incluso a una edad mucho más temprana.

De otro lado, a los jóvenes les exhortó a: “Que tengan siempre la vista puesta en el horizonte cuando comienzan. Que nunca la pierdan. Porque si pierden de vista el horizonte, que es la razón por la cual uno comenzó, entonces en el camino se puede extraviar fácilmente. Pero si tienen la vista bien puesta en ese horizonte que uno se trazó cuando comenzó tiene más posibilidades de llegar al final”.

Por último, a los lectores les exhortó a mantenerse buenos practicantes de la fe. “Los que tenemos la fe tenemos que practicarla, dar testimonio”, puntualizó.

1 COMMENT

  1. Hermoso testimonio de un sacerdote humilde y dado a sus feligreses. Hace falta en nuestra iglesia más sacerdotes como él. Dios lo continúe bendiciendo y le devuelva la salud. Felicidades Padre Victor!! Se le estima mucho.

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