Contexto del Año Litúrgico

Al terminar el tiempo de Navidad con la fiesta del Bautismo del Señor, entramos en el Tiempo Durante el Año (= TDA) o como le llamábamos antes Tiempo Ordinario.

Podríamos caer en la tentación de pensar que lo ordinario no tiene valor en comparación con los tiempos fuertes. La liturgia de la Iglesia hace presente la obra de la salvación que tiene como núcleo central la Pascua, pero a lo largo de los siglos se desarrolló el Año Litúrgico, de manera tal que pudiéramos conocer, celebrar, vivir la obra redentora como algo actual, no como algo que quedó en el pasado. Por tanto, el TDA no es un tiempo sin valor, sino uno en que acompañamos a Jesús en su ministerio público, oyendo sus enseñanzas, viendo sus signos (milagros) y aprendiendo lo que hace en su encuentro con diversas personas, etc.

Domingo II del Tiempo Durante el Año, Ciclo B y la estructura de la liturgia de la Palabra

En este Ciclo B, que comenzamos el primer domingo de Adviento, el Evangelio según S. Marcos será nuestro guía principal, aunque en algunos momentos se intercalarán pasajes del Evangelio según S. Juan. De hecho, en este segundo domingo del TDA en los tres ciclos (A, B y C) se proclama un pasaje del Evangelio según Juan. Es como un eco de la Navidad, tiempo de la manifestación del Señor. En este domingo vemos siempre alguna manifestación de Jesús adulto en transición a su ministerio público, que es el punto focal del TDA.

De acuerdo con la estructura de la liturgia de la Palabra establecida por la reforma litúrgica, cada pasaje evangélico será precedido por una primera lectura que sirve como profecía, figura o anticipo que tiene su cumplimiento en Jesús. Durante estas primeras semanas del TDA, antes de comenzar la Cuaresma, escucharemos también algunos pasajes de la 1 Carta de S. Pablo a los corintios que nos presentarán una enseñanza sobre el sentido cristiano del cuerpo.

En este segundo domingo del TDA tenemos como uno de los temas principales las llamadas del Señor. En el pasaje de Jn 1, 35-42 vemos la llamada de los primeros discípulos de Jesús. Este pasaje viene precedido por el de 1Sam que nos presenta la vocación de Samuel.

El pasaje de 1Cor afirma que el cuerpo del cristiano es para el Señor, por lo que no podemos usarlo para algo que desdiga de esa condición.

Reflexionemos

La vocación es algo propio de la vida cristiana. Dios nos ha llamado a la vida y luego nos llama, por el Bautismo, a ser sus hijos, parte de su familia (la Iglesia) y a colaborar con la redención. Samuel es llamado aun cuando ya vivía en el templo, y Juan y Andrés, siendo discípulos de Juan, el Bautista. Luego Andrés hace que su hermano Simón vaya a Jesús.

El Señor nos puede llamar en diversas circunstancias, incluso no podemos decir que una vez llamados ya Dios no nos puede pedir nada más. Los vocacionados de las lecturas de hoy ya estaban en un camino espiritual, pero aún dentro de su vocación inicial, Dios les llama a una nueva misión. Es importante que no creamos que porque ya estamos en la Iglesia y somos ministros o laicos comprometidos, Dios no nos puede pedir algo más. Hay que mantener los oídos abiertos para escuchar si el Señor quiere algo más de nosotros.

La enseñanza de Pablo en la segunda lectura tiene alguna relación con el mensaje de las otras dos. Para poder captar las llamadas del Señor conviene, no solo la pureza de corazón, sino también la del cuerpo. Dios llama a la persona en su integridad, por tanto nuestra respuesta debemos darla con todo nuestro ser, alma y cuerpo. Una persona entregada a la impureza, la fornicación, etc. está poniendo un obstáculo. No quiere decir que Dios no la llame, pero un estilo de vida impuro puede interceptar esa llamada divina, e incluso obstaculizar la vivencia de lo que Dios nos pide.

En conclusión

Al comenzar el año, respondamos con todo nuestro ser a Dios que nos llama para seguirle en vida nueva y hacer que otros se acerquen a Él, como lo hizo Andrés con su hermano Simón.

(Mons. Leonardo J. Rodríguez Jimenes)

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