En el Primer Libro de Reyes, Salomón valora la sabiduría más que otras cosas, es por eso que se la pide a Dios y Dios se la concede.
En la Carta a los Romanos, San Pablo nos dice que a los que aman a Dios, les espera muchas bendiciones.
Continuando con las “Parábolas del Reino de los Cielos”, del Evangelio de San Mateo, Jesucristo nos trae a consideración la Parábola del Tesoro Escondido.
¿Cuánto estamos nosotros dispuestos a sacrificar por Jesucristo? ¿Sabemos pedirle a Dios las cosas que realmente necesitamos? ¿Qué ten importante o qué prioridad tiene para nosotros Jesucristo y su reino? Estos solo los planteamientos que la palabra de Dios nos trae a nuestra consideración cuando leemos las lecturas de hoy. Porque ser cristiano no es una mera cuestión de sentimentalismos sino de convicciones, de entrega, de hacer una opción absoluta por Jesucristo y su reino, de renunciar a las cosas que tenemos por caras, aquellas que contradicen el Reino, para seguir al Señor y tener vida eterna. Esto lo vemos en el episodio de la pesca milagrosa, cuando los apóstoles-pescadores dejaron sus redes a la orilla del mar, y con ello sus vidas, para seguir a Jesucristo.
¿Qué cosas le pedimos a Dios? Hay veces que le pedimos a Dios tantas cosas banales, que no tienen importancia, como bienes materiales, cosas pasajeras, etc. Pero, en la primera lectura, Salomón le pide a Dios sabiduría. Sabiduría no es cualquier cosa: es ver las cosas como las ve Dios. Por eso, la sabiduría nos da una visión a largo plazo, nos ayuda a ver cosas que otros no ven o las pasan por alto. La sabiduría es mucho más que inteligencia o conocimiento académico. Uno puede tener un doctorado y no tener la sabiduría de un anciano. ¿Cuántas veces yo he ido buscar consejos en los viejitos de la parroquia, que saben más que uno? Mis primeras directoras espirituales son las cofradas de mi parroquia. Por eso, es que Salomón le pide a Dios sabiduría, para hacer las cosas como Dios quiere.
Ahora viene a consideración el Evangelio de hoy. La sabiduría de la que hablamos en la primera lectura, el ver las cosas como las ve Dios, es la que nos va a capacitar para saber qué cosas son verdaderamente importantes, cuáles son las cosas por las que vale la pena optar. En la vida tenemos que hacer sacrificios, ya que tenemos que renunciar a algunas cosas por optar por otras. Como por ejemplo (y este es el mío personal): ¿zoólogo o sacerdote? El problema no es hacer sacrificios sino saber qué hay que sacrificar y que verdaderamente es importante para optar por ello. Un criterio que podemos utilizar para tomar decisiones es qué cosas me acercan a Dios, que cosas fortalecen a mi familia, qué cosas me llevan a vivir una vida digna. Al contestarnos esta pregunta, tenemos que saber que hay cosas que tenemos que soltar, cosas que debemos de eliminar para poder llegar al cielo. Para eso Dios nos ha dado su sabiduría.



