El primer libro de los Reyes nos presenta el momento en que Elías reconoce la presencia de Dios, no es manifestaciones portentosas, sino en la suavidad de la brisa.
Al describir cómo es su modus operandi en el momento de predicar, San Pablo, en la Carta a los Romanos, se lamenta que los judíos, los mismos que tenían las promesas del Mesías, lo rechazan y San Pablo, entonces, predica a los gentiles, los no judíos.
San Mateo nos presenta el episodio del caminar de Jesucristo sobre las aguas, y los detalles que sucedieron con San Pedro.
A nosotros nos gusta el sensacionalismo, el jolgorio y la grandeza. A muchos nos gusta sentir emociones fuertes. Lamentablemente, muchas personas llevan esto a lo espiritual y creen que, si no sienten a Dios, no tienen fe. Estas personas están en una búsqueda constante de sentir a Dios, de sentirse eufóricos para asís sostener una relación con Dios. Tienen una adicción por los retiros de avivamiento (que no son malos, valga la aclaración), pero llegan a un punto de adicción espiritual, que si no sienten a Dios no están bien. Muchos de ellos terminan en las iglesias pentecostales, cuyos cultos son simplemente momentos de avivamiento, momentos en que se hace una lectura bíblica y, luego, estar en el paroxismo de los cánticos para estar en el gozo. Esto no es lo que nos enseña la Palabra de Dios, sobre todo la primera lectura de hoy.
El profeta Elías acababa de tener un momento muy estresante e intenso: la manifestación de Dios en el Monte Carmelo ante los sacerdotes del dios pagano Baal, en el cual Dios se manifestó como el único Dios de Israel. A raíz de eso, la reina Jezabel se enfurece e intenta matar a Elías, lo que obliga al Profeta a huir. Dios le promete que se le iba a manifestar para, en ese encuentro con Dios, Elías experimentar la dulzura del Señor. Elías supo que Dios no estaba en las manifestaciones de la naturaleza, sino en la suavidad de la brisa, y es por eso que al sentirla, se oculta la cara porque está en la presencia del Señor. Este don de encontrar a Dios en la soledad es lo que le da fuerzas a Elías para enfrentar todo lo que tenía que enfrentar.
El verdadero cristiano, el hombre o la mujer que tiene una relación madura y profunda con el Señor, eso que le llamamos santidad, sabe encontrar a Dios en lo profundo de su corazón, mantener la calma en los momentos de violencia porque Dios le da una fortaleza a esa alma. Esto lo llamamos paz interior, y es la que nos hace enfrentar a cualquier tormenta de la vida, y salir airoso de ella.
Esta dinámica de encuentro en nuestro interior con Dios lo llamamos meditación. Han sido muchos los santos que nos han hablado e la oración y el silencio interior, para encontrarnos con el Señor Uno y Trino. Fueron muchos los santos, como Santa Teresa, San Agustín, incluso la misma Virgen María. Te exhorto a que pulas tu vida de oración interior porque, en esta mediación, ten encontrarás con Dios.



