La Iglesia nos propone este domingo una selección de versos del extenso Salmo 88. Ante la catástrofe nacional, que provoca la ruina de Jerusalén, el destronamiento del rey, la pérdida de la dinastía davídica, el salmo nos recuerda las hermosas y firmes promesas de Yahvé. Dios, no falla.

Ante lo acontecido, el pueblo está confundido y surge una pregunta:  ¿Habrá que poner en duda la fidelidad de Dios? El salmista, que es un firme creyente de la acción de Dios en la historia, responde desde la oración diciéndonos; que la fe del pueblo, titubeante por un momento, va a superar esta prueba. Pues tras haber manifestado todo su dolor, se afianza en la conciencia clara de una llamada al amor y a la fidelidad de Yahvé en favor de la Casa de David. Dios no falla, no nos ha abandonado, y por eso, se expresa con fuerza; diciendo “Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad”.

Este salmo puesto en labios de Jesús, dicen algunos comentaristas,  reafirma la convicción del pueblo judío de que Dios no falla. Porque Jesús, como buen israelita, al rezar, cantar y vivir este salmo, cumplía en su persona la súplica del pueblo por la casa de David.

Ante las situaciones que estamos viviendo, nos podemos preguntar en este domingo: ¿Por qué no cantamos? ¿Por qué no sonreímos?

El salmista desde su experiencia, nos regala una respuesta hecha  canción, la canción que cantaron los profetas, la que cantó José, al contemplar de cerca el amor de Jesús y de María, la que canta la Iglesia. Cantémosla, aunque no lo hagamos del todo bien. Aprendamos a vivir jubilosamente. “Basta que nos sintamos amados incondicionalmente por una sola persona para que nos brote la música; ¡Cuánto más si quien nos ama es Dios!”.

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