Tengo algo que decirte sobre la Paciencia 

Hoy el Evangelio nos presenta tres parábolas del Reino de los Cielos: la del trigo y la cizaña, la del grano de mostaza y la de la levadura. A través de estas imágenes sencillas, Jesús nos revela cómo actúa Dios en la historia y cómo debemos vivir nuestra condición de discípulos. 

La primera parábola nos habla de un campo donde crecen juntos el trigo y la cizaña. Cuando los servidores descubren la mala hierba, quieren arrancarla de inmediato. Sin embargo, el dueño responde: «No, no sea que al arrancar la cizaña arranquen también el trigo» (Mt 13,29). 

Con frecuencia nos impacientamos ante la presencia del mal. Nos preguntamos por qué Dios permite la injusticia, la violencia, el sufrimiento o el pecado. También nos inquieta ver nuestras propias fragilidades y las limitaciones de la comunidad cristiana. Quisiéramos soluciones inmediatas y definitivas. 

Pero Jesús nos enseña que Dios actúa con paciencia. No porque sea indiferente al mal, sino porque es misericordioso. Él conoce el corazón humano y sabe que la conversión es posible. Donde nosotros vemos únicamente cizaña, Dios sigue viendo la posibilidad de que brote el trigo. Su paciencia es una expresión de su amor salvador. 

Esta parábola nos invita también a la humildad. No somos jueces de los demás. El juicio definitivo pertenece a Dios. Nuestra misión no consiste en señalar constantemente la cizaña ajena, sino en cuidar el trigo que el Señor ha sembrado en nuestro propio corazón. 

Las otras dos parábolas completan esta enseñanza. El Reino de Dios se parece a un grano de mostaza, la más pequeña de las semillas, y a un poco de levadura escondida en la masa. Ambas imágenes nos recuerdan que Dios realiza grandes obras comenzando desde lo pequeño. 

Vivimos en una cultura que valora los resultados rápidos, la eficacia inmediata y el éxito visible. Sin embargo, el Reino crece muchas veces de manera silenciosa, discreta y oculta. Una oración hecha con fe, una palabra de consuelo, una obra de misericordia, un gesto de perdón, una familia que vive el Evangelio, una comunidad que persevera en medio de las dificultades: todo ello puede parecer pequeño, pero tiene una fuerza transformadora inmensa. 

En esta etapa diocesana de la oración, el Señor nos invita a confiar en su obra. La oración nos enseña precisamente esa paciencia evangélica que sabe esperar los tiempos de Dios. Quien ora aprende a mirar la realidad con los ojos del Señor y descubre que el Reino ya está creciendo, aun cuando no siempre sea evidente. 

Mas leídos

La belleza de un corazón contrito ante la luz de la Misericordia 

Jesús, el gran amor de muchos de nosotros. Un...

50 años renovando el sí, del matrimonio

Renovación Conyugal celebró su 50 aniversario con una multitudinaria...

Iniciamos una nueva etapa evangelizadora

Con la llegada de nuestro nuevo obispo, Mons. Gerardo...

Topics

La belleza de un corazón contrito ante la luz de la Misericordia 

Jesús, el gran amor de muchos de nosotros. Un...

50 años renovando el sí, del matrimonio

Renovación Conyugal celebró su 50 aniversario con una multitudinaria...

Iniciamos una nueva etapa evangelizadora

Con la llegada de nuestro nuevo obispo, Mons. Gerardo...

Jesús dice: “Ésta es la que hay” 

Jeremías nos comparte, que su vocación fue un acto...

Edición 35 (2026): Volver a elegir lo que da sentido a nuestra vida

La edición 35 de El Visitante de Puerto Rico,...

Quédate con nosotros, Señor

Una jornada histórica para la Iglesia en Puerto Rico...

Artículos Recientes

Categorías Populares