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Salmo 50:Misericordia, Señor, hemos pecado

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Para la Iglesia este es el salmo penitencial por excelencia. La tradición Judía designa a David por autor, después de haber pecado con Betsabé. Ahora bien, el poema parece posterior ya que el estilo conecta muy bien con los profetas, sobre todo con Isaías y Jeremías.

El grito de arrepentimiento que se expresa aquí es de una pureza admirable: este pecador se siente desgraciado (sin gracia- sin amor) únicamente por su pecado. Este pecado es la ofensa a Dios. Ahora bien,

Israel tiene una concepción muy positiva del pecado. Por eso, el pecador no está abandonado a sus remordimientos, él es consciente de que está “ante alguien” que lo ama. Y por eso le suplica su perdón.

Meditemos alguno de sus versículos; verso 3: “Misericordia, Dios mío por tu bondad. Por tu inmensa compasión borra mi culpa”. El orante desde el principio no busca justificarse ni apela a la justicia sino a la gran misericordia de Dios. Por eso, desde el principio confiesa, declara y acepta su pecado, reconoce que ha hecho el mal, y que el mal está profundamente arraigado en él, por eso dice: “Lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborrece”.

En sus palabras hay confianza, por eso, pide y suplica al Señor en el verso 12: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu”. Interesante observar que el salmista no le pide que le cambie su corazón de piedra en un corazón de carne, su oración es más atrevida; le pide que le cambie el corazón viejo, por un corazón nuevo.

¡Ánimo! No tengamos miedo de pedir perdón a nuestro Dios, pues como afirmaba santa Faustina Kowalska: “Aunque nuestros pecados fueran negros como la noche, la misericordia divina es más fuerte que nuestra miseria. Hace falta una sola cosa: que el pecador entorne al menos un poco la puerta de su corazón… El resto lo hará Dios. Todo comienza en tu misericordia y en tu misericordia acaba”.

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