El salmo 118 es el más extenso de la Biblia consta de 176 versículos. El autor, es un judío piadoso perseguido, a causa de la misma ley. La composición del mismo sigue el alfabeto hebreo, dedicando a cada letra ocho versos. Hoy la Iglesia nos propone algunos de ellos. Son los versículos 1-2, 4-5, 17-18, 33-34.

Al rezar este salmo debemos tener presente que para un Judío “La Ley” es la “Palabra de Dios’’, donde se expresa su voluntad. Esta se revela para ordenar la vida religiosa del hombre, su convivencia con Dios y con el prójimo. En la Palabra de Dios se concentra toda la vivencia de su fe, porque en ella está Dios.

Es por eso, que podemos afirmar con el salmista “Dichoso el que camina en la voluntad de Dios” (V. 1). El justo es “Dichoso” porque, estudia la ley y la medita, la recuerda, la busca, la observa con esmero, la elige, la ansía, gusta, celebra; y en ella tiene seguridad, confianza, esperanza; ella es objeto de amor, de anhelo, nostalgia, de alegría y de delicia.

En los versos “4 y 5” dirá el salmista: “Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas”. Con estas palabras expresa el anhelo profundo que tiene de poder cumplir fielmente los decretos del Señor y de vivir de acuerdo a lo que él le pida.

En los versos “17 y 18” pide a Dios que le favorezca, para tener larga vida y así cumplir fielmente su voluntad; “que le abra los ojos” para poder contemplar “las maravillas de su voluntad” y realizarla.

Finalmente en los versos “33 y 34” le suplica humildemente que le muestre, “el camino de sus leyes, para él seguirlo puntualmente; que le enseñe a cumplir su voluntad para él guardarla de todo corazón”.
Al rezar hoy este salmo profundicemos en nuestro deseo de cumplir la ley de Dios, de vivir conforme a su voluntad, y supliquemos que nos conceda el gozo de caminar por el sendero de su voluntad.

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