Jesús entra en la ciudad de Jerusalén, montado en un burrito, pidiendo a su Padre misericordia y salvación para el pueblo. El pueblo lo acoge entusiasmado, y lo expresan con cantos, aclamaciones y vivas… Ahora bien, en ese gentío hay quienes quieren un Rey que tumbe el poder de los romanos y borre su presencia del país, por eso, sus gritos son de venganza, furia, odio, al mismo tiempo que de reivindicación…. Sin embargo hay otros que dan vítores a Dios porque con Jesús experimentan la novedad de una palabra que llena de esperanza, de alegría y paz.

En la multitud hay muchos que estarían dispuestos a seguir a cualquiera que tumbara a los romanos e hiciera volver a la nación a la gloria que tuvieron con sus antepasados. No son fieles al proyecto de Dios, buscan solo su beneficio. Otros… los sencillos y humildes, los pobres… los don nadie… disfrutan el momento con alegría, porque se sienten acompañados por Dios en su camino… pese a las dificultades que puedan experimentar… ¿En cuál de los lados te sitúas?

Al inicio de esta Semana Santa te invito a que examines tu vida y te preguntes con honestidad: ¿qué me pide Jesús? ¿Qué necesita de mí para que puedas colaborar con él en la salvación de los que me rodean? ¿qué voy a hacer para que Jesús puedas ser proclamando como Rey y Señor? ¿Qué manto estoy dispuesto a extender en el camino?

Es por eso, que con palabras de San Andrés de Creta te invito a que “subamos juntos al monte de los Olivos y salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy desde Betania, y que se encamina por su propia voluntad hacia aquella venerable y bienaventurada Pasión, para llevar a término el misterio de nuestra salvación. Viene, en efecto, voluntariamente hacia Jerusalén, el mismo que, por amor a nosotros, bajó del Cielo para exaltarnos con Él, como dice la Escritura, por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo ser que exista, a nosotros que yacíamos postrados. Él viene, pero no como quien toma posesión de su gloria, con fasto y ostentación. No gritará -dice la Escritura-, no clamará, no voceará por las calles, sino que será manso y humilde, con apariencia insignificante, aunque le ha sido preparada una entrada suntuosa. Corramos, pues, con Él que se dirige con presteza a la Pasión, e imitemos a los que salían a su encuentro”. ¡Buena Semana Santa!

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