Hoy el Evangelio de San Juan nos trae tres afirmaciones de Jesús sobre la esencia misma de su misión salvadora, sobre el misterio que ardía en su intimidad:

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”.

“Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre”.

“Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”.

Con palabras del P. Adolfo Franco, S. J., les invito a reflexionar: “Jesucristo es consciente de su misión y del modo trágico en que se va a realizar esa misión. Y ante esta tragedia nos hace entrever cuáles son sus sentimientos (mi alma está agitada). Sobretodo quiere revelarnos el sentido de esta tragedia: Va a ser elevado como un despojo, pero también como un estandarte: y así será un imán que atraerá a todos los que sienten la necesidad de ser salvados. Él va a morir, como un grano de trigo, va a convertirse en un hermoso e inacabable campo de trigo lleno de doradas espigas.

El plan de salvación es difícil de entender, porque el paso hacia la salvación, es a través de la muerte: una muerte que es no solo término de la existencia biológica, sino muerte de todo en Él: sus sentimientos quedan triturados, aparentemente todo desemboca en un fracaso, muere su éxito; todos los componentes de su personalidad, de sus deseos, mueren, y muriendo se convierten en fuerza incontenible de fecundidad.

Es sepultado en la tierra como una semilla. Y esta es una visión que da además hermosura y armonía a esa tragedia del Calvario. Nunca nuestra tierra ha recibido en sus surcos una semilla más promisoria. Jesucristo va conscientemente a este encuentro con la madre tierra, que es el término pleno de una encarnación, en cuyo comienzo Jesús fue sembrado en otra tierra, la tierra hermosa del seno de María.

Y va a cambiar completamente los colores, y los sentidos: el sufrimiento de Cristo será la gloria (Padre, glorifica tu nombre). La muerte será una explosión de la vida (si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna). ¡Qué diferente modo de entender la vida, y de entender el triunfo! Esto está sobre todos los cálculos, sobre todas las previsiones económicas: trasciende de un salto todo nuestro pequeño horizonte aritmético.

Y así se convierte en lo más atractivo que un ser humano lleno de ideales puede soñar. Nosotros, a veces no lo sabemos, pero en el fondo de nuestro corazón hay una atracción a este Jesús que se entrega sin cálculos, para ser la prenda cierta de que Dios nos ama, que es nuestro Padre, y que nos quiere salvar: o sea nos quiere llevar a una inimaginable felicidad: “Estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros” (Rom 8, 18).

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