El cultivo de la alegría 

Hoy abundan las personas deprimidas que llenan las oficinas de los médicos. Muchos buscan la diversión para liberarse del aburrimiento. Otros necesitan de un medicamento diario para mantener el ánimo y seguir viviendo. La causa de la tristeza del hombre de hoy es la pérdida del amor de Dios, la falta de la gracia de Cristo. Cuando el ser humano se queda sin el verdadero Amor, su alma se llena de las tinieblas de la tristeza.

La alegría es un don del Espíritu de Dios que crece y florece en la paz del corazón. Esta paz germina en los corazones limpios. El gozo, fundamentado en la paz de Dios, no viene por la escucha pasajera de un chiste muy divertido. El regocijo debe ser la actitud constante del cristiano que se sabe amado por Dios. Tiene la certeza de que no será abandonado porque Cristo volverá por él. Es una esperanza jubilosa porque está seguro que Dios es fiel y cumplirá sus promesas. Cuando San Pablo exhorta a la alegría, también presenta los mecanismos para cultivarla.

La acción de gracias, sin apagar el espíritu

Siendo el gozo un don de Dios, hay que pedirlo en la oración. Según el carácter de cada uno, unas formas de oración nos alegran más que otras. Para no perder el júbilo hay que ser constantes en orar, dando gracias en toda ocasión. Las gracias se dan siempre con gusto y producen gozo. El ser constantes en la acción trae alegría al corazón.

El tener una actitud de apertura a todo lo bueno en la creación de Dios ayuda a mantener el buen ánimo. La creación, sin voz, habla de Dios y trae creación, sin voz, habla de Dios y trae su mensaje. San Pablo dice que hay que examinarlo todo y quedarse con lo bueno. Esta práctica presupone que hay mucho bueno en la vida y en el mundo que agradecer a Dios. Para no apagar el espíritu es necesario escuchar lo que Dios dice por la creación, pero, sobre todo, atenderlo por su Palabra de Amor hecha hombre, Jesucristo, su Hijo amado.

El anuncio de la buena noticia

La proclama del amor de Dios no solo llena de gozo al que lo escucha sino al que lo anuncia con fe. Cuando el profeta reconoce que ha sido enviado a dar la buena noticia a los pobres (Is 61,1ss), añade que desborda de gozo con el Señor y se alegra con su Dios. Usa una serie de imágenes que expresan el júbilo: vestido de gala, Dios le envuelve en un manto de triunfo, está como novio que se pone la corona en el casamiento, o novia que se adorna con sus joyas para casarse. Todas estas comparaciones evocan la gran alegría del que anuncia la verdad de Dios. El verdadero amor se goza con la verdad, sobre todo con la verdad del mensaje divino.

Renunciar al pecado

Guardarse de toda forma de maldad es otra manera de mantener la alegría. Aunque el pecador se presente alegre exteriormente, como un payaso, en lo profundo del alma está oprimido por una gran tristeza. El pecado produce un gusto pasajero, pero, a la larga arranca del corazón el verdadero gozo. Si una persona quiere llenarse de la dulzura de Dios debe desintoxicarse del pecado. Hay que vaciarse del mal para llenarse de la alegría de Dios.

El amor

El instrumento más eficaz para lograr la felicidad es el amor. Al buscar el bien para el otro, el corazón se llena de alegría. La unidad en el mutuo amor trae mucho gozo al corazón humano. Cuando las personas están muy tristes el mejor remedio es olvidarse de sus propias penas y buscar a quién ayudar de verdad. En el proceso de salir de ellos mismos a favorecer a alguien necesitado descubren la verdadera alegría de vivir.


Domingo III Adviento

Ciclo B

ISAÍAS 61, 1-2 a. 10-11

El profeta Isaías ha recibido el Espíritu Santo para llevar a cabo la misión. Su misión es proclamar la buena nueva a los que sufren y la libertad a los cautivos.

SALMO RESPONSORIAL (Sal. Lc 1, 46ss) 

Este salmo no forma parte del salterio, sino del Evangelio de San Lucas. Con este himno, la Virgen María reconoce su vocación de esclava del Señor y se alegra con Dios, su Salvador.

I Tesalonicenses 5, 16-24

San Pablo hace importantes exhortaciones a los tesalonicenses; que estén alegres, que oren, que no apaguen el espíritu y que se aparten de toda maldad.

Juan 1, 6-8. 19-28

Juan el Bautista, como buen precursor, señala a Jesús. Él está presente en medio de los oyentes sin que ellos lo sepan.


Próximas Lecturas

Tercera Semana de Adviento

17 †  III Domingo de Adviento

18 Lunes III s. Adv. Feria privilegiada

mo L 1 Jer 23, 5-8; Sal 71

EvMt 1, 18-24

19 Martes III s. Adv. Feria privilegiada 

mo L 1 Jue 13, 2-7. 24-25a; Sal 70

EvLc 1, 5-25

20 Miércoles III s. Adv. Feria privilegiada

mo L 1 Is 7, 10-14; Sal 23

EvLc 1, 26-38

21 Jueves III s. Adv. Feria privilegiada 

mo L 1 Ct 2, 8-14 o Sof 3, 14-18a; Sal 32

EvLc 1, 39-45

22 Viernes III s. Adv. Feria privilegiada

mo L 1 1 Sam 1, 24-28; Sal 1 Sam 2

EvLc 1, 46-56

23 Sábado III s. Adv. Feria privilegiada 

mo L 1 Mal 3, 1-4. 23-24; Sal 24

EvLc 1, 57-66

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