Domingo IV del Tiempo Durante el Año, Ciclo B 

Contexto 

El domingo pasado escuchábamos el clamor de Jesús: “Se ha cumplido el plazo está cerca el Reino de Dios…” (Mc 1, 15).

Una de las cosas que podemos ir viendo a lo largo del Año Litúrgico es precisamente el cumplimiento de las Escrituras del Antiguo Testamento (profecías, figuras, etc.) en Jesús. Así lo vimos en Adviento y Navidad, y ahora los veremos en la manera en que la liturgia de la Iglesia armoniza la primera lectura y el Evangelio en los domingos del Tiempo durante el año y otras celebraciones.

Hoy particularmente vemos el cumplimiento de una gran profecía de Deuteronomio 18, 15-20. El pueblo de Israel esperaba ese nuevo Moisés que hiciera resonar la voz de Dios con poder, pero sin causar miedo en sus oyentes. Lo que hoy nos narra Marcos 1, 21-28 es un ejemplo de la llegada del Reino de Dios, la aparición de ese nuevo Moisés (y mayor que Moisés), que es el mismo Hijo de Dios, el Verbo eterno, que habla con autoridad y poder, pero sin asustar al pueblo, por el contrario causando admiración por su enseñanza novedosa y poderosa. De hecho la palabra que usa el Evangelio en griego (exousía) no es tanto autoridad, sino más bien poder.

Seguimos escuchando la enseñanza del 1 Cor 7 que hoy llega al punto de presentarnos el tema del sentido cristiano de la virginidad consagrada o el celibato (vv.32-35). Este tópico es distinto del que nos presentan las otras lecturas, sin embargo en aquel tiempo y cultura (siglo I, cultura judía y luego mundo greco-romano), en otras culturas a lo largo de la historia, y aún hoy la vivencia de este estado de vida en la Iglesia sigue llamando la atención. En medio de una sociedad hipersensualizada y hedonista, como la nuestra, podemos ver este estilo de vida como una expresión del poder de Jesús en la persona que Él llama a vivir este don de la virginidad o el celibato.

Reflexionemos

En una época y sociedad en las que se valora tanto la libertad personal, la autonomía, se vive un individualismo salvaje, etc. ¿Conviene hablar de autoridad? ¿Es apropiado presentar a Jesús, como lo presenta hoy Marcos, como un personaje con autoridad?

Tal vez algunos cambien de opinión si consideran que etimológicamente la palabra autoridad viene del latín auctoritas, cuya raíz es augere, que significa aumentar, promover, hacer progresar. Por tanto autoridad es una cualidad creadora de ser, así como de progreso. De hecho, para quienes escuchamos con atención a Jesús y ponemos su Palabra por obra, o al menos tratamos de hacerlo (cf. St 1, 25), su enseñanza nos guía, fortalece, libera, enseña, corrige y educa en la justicia (cf. 2 Tim, 3, 16). Así pues la verdadera autoridad no es un estorbo, sino todo lo contrario, un beneficio, una capacidad para mejorar personalmente y ayudar a otros a hacerlo. Esa es la autoridad de Jesús. No una autoridad represiva sino edificante. Es la autoridad del nuevo Moisés esperado por Israel. Como decía antes, en el caso de Jesús incluso más que autoridad, es poder. Y con ese poder, además, Jesús manifiesta la veracidad de su enseñanza, particularmente en la perícopa de hoy, liberando aquel hombre de un espíritu inmundo. ¡Bendita autoridad y poder!

 En conclusión 

Reconozcamos la autoridad y poder liberadores y edificantes de Jesús y dejemos que nuestra vida sea tocada por ellos para ser liberados y edificados por su enseñanza salvadora.

Por otro lado, procuremos todos entender el verdadero sentido cristiano de la autoridad para ejercerla adecuadamente como padres, maestros, catequistas, pastores, gobernantes, etc. Guiados por el poder del Espíritu de Jesús ejerzamos la autoridad que nos compete procurando que nuestras familias, comunidades, Iglesia y Patria sean edificadas, renovadas y transformadas para gloria de Dios y bien del prójimo.

(Mons. Leonardo J. Rodríguez Jimenes)

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here