Muchas veces, y eso lo hemos vivido en este tiempo de Navidad recién terminado, hemos preparado un sinfín de encuentros festivos: con la familia, con los vecinos, los compañeros de trabajo, etc. Por tanto, estamos adiestrados lo suficiente para ponernos en disposición de fiesta. Y es que celebrar con la gente amada es una necesidad de toda sociedad. Pues del mismo modo se da este proceso en la vida de la Iglesia. El encuentro dominical del cristiano es un llamado a la alegría y a la disposición. Alegría porque es lo que debe reinar en el corazón que se dispone a encontrarse con Dios. Y la disposición ha de darse en medio del que quiere escuchar reflexivamente la palabra y hacerla suya de manera que haga posible que el camino que voy a realizar durante la semana, lo realice con el distintivo que me ofrece Jesús: vivir en justicia y santidad.

La Primera Lectura se desarrolla en el marco festivo que significó para el pueblo de Israel el anuncio de la Torah o Ley contenida en los mandamientos. Pero, además de la observancia de la Ley, implicaba una carga divina: Dios se hacía presente a través de la Palabra proclamada. Llevaba, por tanto, toda una convocatoria de Dios mismo a reencontrarse con él y celebrar con alegría porque Dios acompaña en cada momento a su pueblo. Por eso: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios.

No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza».

El Salmo 18 viene a ratificar lo que acabamos de ver en la primera lectura: la fuerza de la Palabra y de lo que implicaba para el pueblo que la acogía. En este sentido la Palabra implicaba que Él se ha manifestado y le ha “revelado” sus pensamientos sobre la humanidad. El sigue dirigiendo con su presencia que se hace presente en medio de ellos a través de la palabra y le acompaña constantemente porque “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida”.

La Segunda Lectura nos lleva a mirar la manera en que debe vivir la comunidad cristiana: todos los carismas tienen que servir para reafirmar el proyecto de corresponsabilidad entre los cristianos. ¡Qué mejor manera que utilizar el cuerpo humano para significar esta realidad! Está llamado el cristiano a trabajar en comunión profunda con el de al lado porque todos somos hijos de un mismo Padre y por tanto hemos de “navegar” hacia el mismo rumbo, con el ritmo que nos marca nuestro Salvador.

El Evangelio inicia con una referencia de cómo se redacta el mismo y como este refleja un camino de fe: “después de comprobarlo todo exactamente desde el principio, he resuelto escribírtelos por su orden, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido”.

Luego nos invita a contemplar a Jesús, recordándonos, primeramente, que es guiado por la fuerza del Espíritu, indicándonos así el inicio de una nueva era. En este momento en que vuelve a Nazaret, su fama había crecido por tanto había expectación ante su figura. El texto de Isaías que proclama («El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor») viene acompañado de un anuncio: hoy está aconteciendo en medio de ustedes esta realidad; o sea la buena noticia esperada desde tiempos antiguos por fin ha llegado y está siendo ofrecida en medio de esta asamblea.

Se ha iniciado ya el tiempo nuevo en que Dios llegará de una manera insospechada sobre su pueblo.

Para nosotros este anuncio es una convocatoria para que vivamos la alegría de saber que, en estos nuestros tiempos, Dios sigue reafirmando esta misma verdad. La hemos celebrado recientemente anunciando que ha hecho su “habitación en medio de nosotros”. Es por eso que la reafirmación de la alegría a la que nos invitaba el libro de Nehemías debiera ser una consigna para todos. Yo diría más; tendríamos que hacer un gran cartel en la entrada de cada Parroquia o Capilla que llevara este anuncio: Si vienes a la misa recuerda: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis». «No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza».

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here