La Navidad nos hace presente la inmensa distancia que hay entre Dios y nosotros, y nos enseña que solo podemos conocer a Dios cuando Él se nos quiere manifestar en un acto gratuito, inesperado, inmerecido de revelación de sí mismo. La Navidad es, por lo tanto, la celebración jubilosa de la decisión de Dios de llegar hasta nosotros y nosotras en el Niño de Belén.

Las primeras palabras del anuncio del ángel a los pastores; “No teman” nos ayudan a comprender mejor el significado del nacimiento de Jesús en Belén. Estas palabras “No temas” son las mismas dichas a María en la Anunciación, son las mismas que Jesús continuamente repetirá a lo largo de toda su vida: “No teman”.

¿Cuáles son nuestros temores hoy? “Cada uno tiene los suyos. Miedo a la oscuridad, miedo a la soledad, miedo a quedarme sin trabajo, miedo por la situación del planeta Tierra, miedo a la enfermedad, miedo por la falta de sentido de lo que hacemos, miedo por la rotura de la pareja, miedo por el futuro de los hijos o hijas, miedo por las decisiones que toman los hijos cuando se hacen mayores, miedo por los peligros que nos parecen que nos rodean… ¡Hay tantos y tantos temores! ‘No teman’. Confía, porque quien da sentido a todo esto está cerca de nosotros y nos ama. Jesús es el fundamento de nuestra confianza, el antídoto de nuestros miedos”.

La Navidad es fiesta de esperanza, de novedad, de alegría profunda, porque en medio de las dificultades que podamos experimentar, estamos seguros que Dios nos acompaña. Él está cercano y atento a nuestras necesidades, pronto para actuar en favor nuestro. La prueba; a través del Niño que nace en Belén, se sabe poner en la piel y en el corazón de cada uno de nosotros. Haz tú lo mismo. ¡No tengas miedo! Sal de tu encerramiento, y échale una mano a quien te necesite. Anúnciales con fuerza lo que has descubierto; no hay que temer; porque ¡hoy nos ha nacido un Salvador, y su nombre es Jesús!

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