Me comentaba un buen amigo que a él al igual que a Juan Bautista, que esperaba la encarnación de un Dios apocalíptico, que iba a revolucionar la sociedad de arriba a abajo, y a implantar un nuevo orden, le sonaban rarísimas las noticias que recibía de Jesús. Juan había anunciado un Mesías, en lenguaje de pueblo -corta cabeza- y él estaba recibiendo noticias de que el nuevo predicador era un hombre cercano y compasivo, que pasaba el rato devolviendo vista, oído y movimiento a los que lo necesitaban, incluso que perdonaba pecados, limpiaba enfermedades, hablaba con mujeres y acogía a los niños y a las niñas.

¿Te pasa a ti como a Juan? ¿Vives la vida como un cristiano desengañado porque quieres a un Dios vengador y todopoderoso que arregle los problemas y resuelva dificultades, que te dé palmaditas en la espalda, asegurándote que eres parte del grupo de los buenos? ¿Eres de los que ante tanta injusticia, miseria e impotencia te repliegas o atrincheras con la cabeza bajo el ala; esperando, o bien a que pase el temporal, o bien a que venga alguien con más poder que arrase con todo lo desmantelado y resuelva de una vez la situación?

Porque te recuerdo que Jesús pasó haciendo el bien. Y no organizó ninguna cruzada sangrienta. Se juntaba con los necesitados y detenía su camino ante cualquier cotidiana necesidad. Dice J.L. Cortés que Jesús “de tanto mirar a los ojos se fue haciendo amigo de mucha gente”. Y es que para mirar a los ojos y hacer amigos no se puede venir en plan guerrero, ni aunque se venga a combatir a los malos. Es necesario detenerse, conocer, acercarse y sentir lo que siente el otro. Hacerse entraña y luz, ser generosos y valientes. Cualidades todas que se desarrollan mejor en el silencio y la intimidad que en los foros públicos y los campos de batalla.

La situación actual de nuestro pueblo requiere, nadie lo duda, mucha intervención pública, mucho compromiso de actividad resistente; pero, por favor, no nos olvidemos nunca de los que tenemos cerca, de los que pasan a nuestro lado con la vista fija en el suelo porque es lo único que les queda. Si nuestro referente es Jesús, no perdamos de vista que su anuncio del Reino se encarnó en las necesidades y las carencias de las personas de su entorno. Y recordemos que fue, siempre, portador de esperanza, de luz y de alegría.

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