Reflexionando sobre el Evangelio de hoy, hay tres frases que considero pueden ayudarnos a reflexionar sobre la Solemnidad que hoy celebramos.

Hay momentos en nuestro camino de fe que surgen preguntas importantes. ¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? El Señor siempre nos permite encontrarnos con personas que nos pueden responder: “En Belén de Judea, porque así lo escribió el profeta: ‘En cuanto a ti, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre las principales ciudades de esa tierra; porque de ti saldrá un gobernante que guiará a mi pueblo Israel’”.

A veces sucede, como en el Evangelio de hoy, que estas personas a las que le preguntamos, conociendo la respuesta, no siempre están dispuestas a ponerse en camino, a buscar, a practicar lo que dicen. Eso le pasó a Herodes; índico, pero no fue; consultó, pero no aceptó el consejo. Y mientras los Magos llenos de alegría encontraron al que buscaban. Herodes se sintió burlado, engañado, ofendido, y lleno de amargura, odio y rencor se vengó matando a inocentes. Los magos por el contrario llegaron a su meta, encontraron al Niño que buscaban y, llenos de alegría, lo adoraron.

Finalmente “abriendo sus cofres le ofrecieron oro, incienso y mirra”.

Al contemplar hoy este misterio te invito a “Adorar” que no es otra cosa -como bien nos dice el Papa Francisco- que “ese estar delante del único Dios, de aquel que es lo único que no tiene precio, que no se negocia, que no se cambia… porque todo lo que está fuera de Él es imitación de cartón, es ídolo”. Te invito a “Adorar”, que no es otra cosa que: “Ese perder tiempo sin pedir, sin agradecer, incluso sin alabar, solamente adorar, con el alma postrada”. Es, sobre todo, mirar con amor al que nos ama.

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