Siempre hay un día…

Encontré este comentario al  Evangelio de hoy del P. Félix Jiménez escolapio, el cual comparto contigo: “Los evangelios no nos dicen nada de la infancia y juventud de Jesús. Solo cuentan un viaje a Jerusalén cuando tenía doce años. Allí se perdió. Fue el primer disgusto que Jesús dio a José y a María. Jesus tenía una vida normal. Un joven de tantos. Trabajó en el taller de su padre. Los sábados iba a la sinagoga a cantar y escuchar la historia que Dios había hecho con su pueblo. Los domingos jugaría y charlaría con los amigos en las esquinas. Era tan normal que los evangelistas no tienen nada que contar. Hasta que un día, siempre hay un día en la vida, en que todo cambió.

Ese día dejó de ser ‘normal’. Dejó atrás la normalidad de Nazaret y comenzó la aventura con Dios, comenzó a incendiar el país con la ‘anormalidad’ del reino de Dios. Su bautismo fue el día, por decirlo con nuestras palabras muy humanas y muy cristianas, el día de su conversión.

El día de su bautismo marcó un antes y un después. El después fue la pasión del reino de Dios, la fuerza del Espíritu, la identidad plena y nueva del Hijo de Dios, la vorágine de la predicación, la irrupción del amor, la búsqueda de los pecadores y abandonados, el ser puente entre Dios y los hombres, unir cielo y tierra. Jesús ‘marcado y lleno del Espíritu’ descubre su nuevo ser. ‘Tú eres mi Hijo, el amado, al que miro con cariño’. Así descubre su nueva dimensión, no se pertenece, pertenece, es de Dios y para Dios. Y lo vivió con tal intensidad que ya nada fue igual. Se puso incondicionalmente al servicio de Dios hasta el final de su vida y pudo decir: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’. El día de su bautismo comenzó la nueva creación, la nueva alianza de Dios con los hombres, el nuevo bautismo en el Espíritu. Todo empezó el día en que viajó al río Jordán, se bautizó y salió del agua lleno del Espíritu, fuerza y poder de Dios, ungido para predicar la aventura de un nuevo amor en el que hay salvación para todos.

Hubo un día, siempre hay un día en la vida de cada persona, en que todo puede y debe cambiar. Para todos nosotros ese día fue el día de nuestro bautismo. Salimos de las aguas renovados y sellados por el Espíritu. Ahora bien, el sello y la marca quedan poco a poco ocultas e invisibles bajo el peso de la rutina y de la normalidad de la vida cotidiana. La normalidad es gris, salpicada de pequeñas anécdotas… Hasta que un día dejamos de ser normales como lo dejó Jesús.

Es el día en que despertados y quemados por el Espíritu asumimos nuestro bautismo y cambiamos de rumbo. Decimos adiós a la normalidad del mundo y nos convertimos a la anormalidad del Evangelio. Decimos adiós a las pasiones de la carne y nos convertimos a la pasión del reino de Dios. Decimos adiós a la vida loca del hombre viejo y nos convertimos a la vida del hombre nuevo en el Espíritu.

Decimos adiós a la esclavitud de los vicios y nos convertimos a la libertad de los hijos de Dios.

¿Cuándo llegará ese día en tu vida? Dios quiere que sea hoy. ¿Y tú?”.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here