Thomas Edison trabajó 24 horas con su equipo para producir la primera bombilla. Una vez conseguido el invento se la dio a un muchacho para que la llevara al piso de arriba. Éste subió cuidadosamente escalón tras escalón; temía que se le cayera tan valioso objeto, fruto de muchas horas de trabajo.

Ya se imaginan ustedes lo que sucedió, cuando el muchacho alcanzó el último peldaño se le cayó de las manos y se rompió.

Esto significó 24 horas más de trabajo para hacer otra nueva. Edison, cansado y dispuesto a tomarse un respiro, le entregó la bombilla al mismo muchacho que se le había caído la primera para que la subiera. Edison le dio una nueva oportunidad. Gesto bonito de confi anza y de perdón.

Dios me ofrece a mí ese mismo perdón. Dios ofrece a los hombres y mujeres una segunda, una tercera… oportunidad.

Jesús fue un maestro itinerante; nos dice el evangelio que iba de pueblo en pueblo, anunciando el Reino de Dios, denunciando la religión que esclaviza y anunciando la libertad de los hijos y de las hijas de Dios, la religión del amor.

Estoy seguro que contaría la misma historia muchas veces y añadiría nuevos detalles. Él hacía preguntas a sus oyentes, “¿qué hará el dueño de la viña a los arrendadores cuando vuelva?” Y se dejaría interrumpir y preguntar. Una enseñanza de ida y vuelta, con preguntas y respuestas.

La historia que nos cuenta hoy Jesús  es la historia de un conflicto.

Dios, el dueño de la viña, ha cuidado con amor a su pueblo, a Israel, y ha hecho con él una larga historia de amor y de fi delidad, una alianza, un matrimonio siempre en confl icto. ¿Qué ha sucedido? El pueblo no ha respondido fi elmente…

Ahora bien, Dios, lento a la cólera y rico en perdón, que no es tonto y cuya paciencia no se agota, espera y espera recoger los frutos del amor, de la justicia y del derecho.

Por eso Jesús nos habla hoy de una nueva Viña que Él ha venido a inaugurar, a la que le está pidiendo que dé nuevos frutos. Son los frutos de la santidad que hacen que cada vez más nos asemejemos a Él. Hay que dejarle que nos hable al corazón, especialmente cuando estamos experimentando la necesidad de dar respuesta a los nuevos retos que se nos presentan… ¿Te animas?

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