Josué, en la primera lectura de hoy, lanza un reto a los israelitas después de la muerte de Moisés y a punto de cruzar el Mar Rojo: ¿o seguimos a Dios o a los dioses de Egipto?
Un pasaje tan mal entendido de la Carta a los Efesios es éste de la sumisión de la mujer al marido. Lo que San Pablo quiere hacernos ver es que la esposa es metáfora de la Iglesia mientras que el esposo es metáfora de Cristo. Pongamos atención.
Ya, al final del Discurso del Pan de Vida en el Evangelio de San Juan, los seguidores de Cristo, una vez escuchado el discurso, tienen que hacer una opción: ¿seguir o dejar a Cristo?
¿Quién dijo que ser cristiano y seguir a Jesucristo era cosa fácil? Ser cristiano implica tomar la Cruz y seguir a Cristo. Lo más difícil que se le hace al cristiano es seguir a Jesús, aunque todo parezca negro y seguir a Jesús es una pérdida de tiempo. El seguimiento a Jesús es una cosa que nosotros tenemos que hacer conscientemente, a sabiendas que pasaremos pruebas por hacerlo.
Veamos la 1ra lectura: el pueblo de Israel ha pasado cuarenta años peregrinando en el desierto. Después de esta prueba, Moisés acaba de morir y ahora toca cruzar el Río Jordán y entrar a la Tierra Prometida. Pero, tomar en posesión la Tierra Prometida implica pruebas, enfrentarse con pueblos poderosos, con la única garantía de la fe puesta en Dios. Es en este momento de la verdad, que Josué, el heredero de Moisés, se las pon dura a los israelitas, porque tienen que tomar una decisión que no pueden eludir: ¿o siguen a Dios, siguiendo el liderato de Josué y entran a la Tierra Prometida, o se marchan de nuevo al pasado, al desierto? El relato nos concluye que, la mayoría del pueblo optó por Yahveh y se fue detrás de Josué.
Lo mismo vemos en el Evangelio de hoy: Jesús concluye su discurso del Pan de Vida, dejando lívidos a sus oyentes. La gente no daba crédito que Jesucristo estuviera diciendo que comieran su Cuerpo, que comieran su Carne. Es en este momento, que la gente tiene que decidirse si seguir a Jesús o dejarlo. Ellos le dieron más importancia a lo inaudito de su discurso que a todos los milagros y signos que Jesús había hecho frente a ellos. Deciden dejarlo, no pueden con su Palabra. Sólo los Apóstoles y un grupito de gente deciden seguir a Jesús. Escuché de una cristiana de Tierra Santa que, cuando Jesús dio este discurso y la gente lo abandona, Jesús comprendió que ya era la hora de emprender su camino a Jerusalén, para cumplir con su misión y entrar a la “Hora de su Gloria”.
Nosotros todo, no importa nuestra vocación, tenemos que tomar una decisión con respecto a Jesucristo. ¿O lo seguimos o vivimos un cristianismo mediocre? Y qué cosa que esta toma de decisión decisiva gira en torna a la Eucaristía: ¿o tenemos fe en las palabras de Jesucristo y priorizamos la misa y comemos su Cuerpo, o vivimos un cristianismo barato que no implique comprometerse con Jesús y seguirlo hasta el final?
P. Rafael “Felo” Méndez
Para El Visitante



