El interesantísimo pasaje del Libro de la Sabiduría nos presenta el Pan y el Vino como el menú principal del banquete celestial. ¿Por qué será?
En la Carta a los Efesios nos advierte San Pablo que no nos emborrachemos con vino, sino que nos dejemos llevar por el Espíritu Santo.
Llegamos al corazón del Discurso del Pan de Vida en el Evangelio de San Juan: el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo como verdadera comida para el cristiano.
Antes de llegar al Evangelio de hoy, quiero tomar en consideración las instancias del Pan y el Vino en el Antiguo Testamento, como preámbulo para la Eucaristía. La primera, en el Libro del Génesis, Abraham va a la misteriosa ciudad de Salem, para ofrecer un sacrificio de acción de gracias a Dios, Sale a su encuentro el misterioso rey-sacerdote Melquisedec, ofreciendo la Dios Altísimo Pan y Vino. Esto ocurre antes de la misma fundación de Jerusalén. Un misterio puesto que nadie sabía que, dos mil años después, esto era lo que ofrecería Jesucristo en la Última Cena. En la 1ra lectura de hoy el Libro de la Sabiduría, un libro considerado Sagrado e Inspirado por Dios en la Biblia Católica, no en la protestante, se nos dice que en el cielo se nos va a dar Pan y Vino. El pan es el alimento universal por excelencia. Pero, en cuanto el vino, es interesante que mientras en muchas iglesias protestantes el vino es pecado, se nos ofrece vino en el cielo. Es verdad que el libro de la Sabiduría no está en la Biblia Protestante, pero hay otros libros bíblicos, como Isaías, que nos habla de la sacralidad del vino. San Pablo dice en la segunda lectura que el vino hay que respetarlo, que no se puede abusar de él.
Y llegamos al Evangelio. Muchas iglesias protestantes, cuando hacen la exégesis de este pasaje, dicen que Cristo no se refería a su Cuerpo sino en sentido figurado, pero esto no es lo que dice el Evangelio sino que Cristo habla de su Cuerpo, su Carne, como verdadera comida, y su Sangre, como verdadera comida, sin ningún filtro, sin ningún suavizador, a sabiendas que sus palabras irían a escandalizar a la gente. Si esto es así, entonces Jesucristo no hablaba en sentido figurado sino en sentido real inequívoco: su CARNE.
Veamos… primeramente, el Evangelio de San Juan es el único evangelio que no presenta la institución de la Eucaristía, la Última Cena, como los demás evangelistas. Esto se debe que el Evangelio de San Juan fue el último en escribirse y obvia detalles que hay en los otros tres evangelios para no ser tan repetitivo. Pero, obviar este detalle para hablar de la Carne y la Sangre de Jesucristo en su Evangelio, es precisamente para decirnos que lo que Jesucristo instituyó en ese incidente que no lo menciona, es la realidad sacramental de la Última Cena. Avala esto los pasajes del Antiguo Testamento que se nos presenta la combinación Pan/Vino como alimento de la eternidad.
¿Qué entonces le pasa al que comulga con conciencia y convicción? Si nos dejamos llevar por aquello que dice que uno es lo que come, entonces el que comulga se convierte en otro Jesucristo: su alma se transforma, se llena de la vida que sólo Cristo da. El comulgar es estar en la antesala del cielo; es tener a Jesucristo en nuestro corazón, en nuestra carne, en nuestras venas, en todo nuestro cuerpo. Nos convertimos en seres de luz, henchidos de la Santidad de Dios. El Cuerpo de Cristo, la Eucaristía, se convierte en el corazón que late vida para toda la Iglesia y para el que lo recibe.
P. Rafael “Felo” Méndez
Para El Visitante



