La vida interior del hombre que desee progresar en el camino hacia la santidad necesita del recogimiento. Silencio, para escuchar a Dios, y apartarse de los hombres para estar a solas con Dios.
Antes del pecado original, había orden y dominio en el interior del hombre, y sosiego en el exterior porque el alma, limpia de pasiones, era dueña de sí misma y de cuanto la rodeaba.
Desaparecida la justicia original por el pecado de nuestros primeros padres, el alma tiene que luchar para permanecer en la virtud y avanzar hacia la santidad. En el recogimiento tenemos una buena arma que nos ayudará a conseguirla.

Qué es recogimiento

El recogimiento del que aquí hablo es un hábito que hace posible desentenderse de aquellas cosas interiores o exteriores que le estorban para alcanzar la íntima unión del alma con Dios.
La voluntad es flaca en sí misma para ir hacia adelante en el camino de la virtud; y los cinco sentidos van en pos de novedades que la distraen siempre y, no pocas veces, la hacen caer en el pecado, en vez de ayudarle a superar las dificultades.

Cómo podemos adquirir el recogimiento

Supuesta la gracia de Dios, hay que vaciar nuestro interior y exterior de todo aquello que le aleja de Dios para disponerlo al servicio del alma, ansiosa siempre del Ser Supremo.
El recogimiento interior es posible cuando no buscamos otra cosa que el servicio a Dios con nuestra conducta y deseos, haciendo lo imposible para domeñar la imaginación, los vicios y tendencias que nos separan de Él, nuestro último fin.

Y conseguiremos el recogimiento exterior de dos modos: separándonos de las criaturas cuanto podamos para vacar en las cosas de Dios; y, en segundo lugar, evitando todas aquellas cosas que llenan nuestra imaginación de ideas mundanas, cuando no pecaminosas: bailes, TV, teatro, lecturas secularizantes o pornográficas, compañías y situaciones peligrosas. Estamos en medio de un mundo que ignora o pelea contra Dios, y nos hace difícil el recogimiento. Hacer todo lo indicado está en nuestras manos para neutralizarlo.

Pero aún tenemos otros medios que Dios pone a nuestra disposición: la oración vocal y mental; la frecuencia de los sacramentos; lecturas piadosas; pensar frecuentemente en los cuatro novísimos o postrimerías del hombre; buscar la compañía de personas piadosas; ejercicios de fin de semana o, mejor, anuales cerrados.
Medios no nos faltan; todo lo que necesitamos es tomar una decisión determinada, como diría Santa Teresa de Ávila, para avanzar en la santidad.

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