Catequesis: La virtud de la templanza

La virtud de la templanza es una de cuatro virtudes cardinales o básicas de la religión Cristiana. Las otras tres son: prudencia, justicia y fortaleza. Y se define como la virtud que modera el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón. Virtudes semejantes a la templanza son: la moderación, sobriedad y continencia.

La templanza nos hace señores tanto de los apetitos excesivos de cuerpo como de los inmateriales del alma. Sin ella, somos juguetes de todos ellos.

El buen Jesús nos advierte en el Evangelio de San Mateo que “nos esforcemos por entrar por la entrada estrecha [del cielo]; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, siendo muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y angosta que conduce a la Vida, y cuán pocos son los que la encuentran! (7, 13-14). La virtud de la templanza nos ayuda a encontrar el camino que conduce al cielo y a entrar en él.

Templanza en todo

El goce completo de los sentidos y de los bienes de esta vida son legítimos y saludables; sin ellos la vida sería miserable. No se trata, por tanto, de suprimirlos sino de regularlos. La atracción excesiva que sentimos hacia ellos, fruto del pecado original, desencadena en nosotros una guerra continua que es necesario ganar a toda costa si queremos entrar en el cielo. ¿Cómo? Aquí viene la templanza.

Templanza en el comer y beber, no sólo en relación a cantidad sino también en calidad.

Templanza en nuestras ambiciones, contentándonos con lo que podemos alcanzar según nuestras fuerzas físicas e intelectuales. Que la envidia sea siempre sustituida por la sana emulación.

Con templanza en nuestras aspiraciones en cualquier ámbito de nuestra vida: buena fama, éxito en los negocios, estima propia de uno mismo y de los demás; dinero y puestos de poder…

Templanza, incluso en nuestros legítimos deseos de santidad, pues no todas las virtudes pueden alcanzarse en pocos días.

Templanza en el legítimo uso del sexo dentro del matrimonio bendecido por la Iglesia, etc.

Frutos de la templanza

Los esfuerzos que hagamos en practicar la templanza en todos esos ámbitos y en cualesquiera otros nos dará sosiego en el alma, salud en el cuerpo y respeto y admiración en los demás. Y seremos dueños de nosotros mismos, no juguetes de nuestras pasiones.

AL FINAL ENCONTRAREMOS EL CAMINO QUE LLEVA AL CIELO Y, POR LA MISERICORDIA DE DIOS, ENTRAREMOS EN ÉL.

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