Como decíamos la semana pasada, este tiempo nos invita a revisar; eran unas de las actitudes que les invitaba a asumir en el inicio del tiempo del Adviento. Un llamado al que hoy, de una  manera clara y contundente, nos invita la palabra de Dios: hay que volver al camino, hay que retomar el proyecto de Dios. Quizás podríamos decir: pero si yo soy un creyente, asisto a misa cada domingo, colaboro con la economía de mi parroquia, soy buena persona, etc. Y todo eso está bien, pero, ¿puedo hacer más?; ¿estoy comprometido con el proyecto de evangelización de mi comunidad parroquial?; ¿tengo talentos que no he puesto al servicio de los demás por no “complicarme” la vida?

Son estas unas de tantas preguntas que tenemos que hacernos en este tiempo de convocatoria a la conversión y a retomar el camino de Dios.
Y esto es necesario porque a veces nos “acomodamos” en un entorno que, por un lado, me convence que estoy respondiendo como cristiano, pero que no comporta para mí un esfuerzo para apoyar el crecimiento del reino de Dios. Este es el tiempo de realizar este ejercicio de revisión y descubrir cuánto me he alejado del proyecto original de Dios.

En la Primera Lectura se nos convoca a descubrir cómo Dios ha obrado en medio de nuestra vida para que volvamos al camino; al suyo, al que nos propuso originalmente. El profeta invita al pueblo de Israel a descubrir la grandeza de Dios que le ha liberado, que le acompañará para que nada le ocurra en ese retorno a su tierra. Manifiesta a un Dios que siempre se preocupa, pese a las infidelidades del pueblo, “porque Dios guiará a Israel con alegría, a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia”. Y todo esto acontece porque Dios siempre es Fiel.

El Salmo 125 nos refleja la situación de los que vienen de la cautividad, los cuales, por un lado, están llenos de alegría al ver cumplidos los oráculos de Yahvé sobre el final del exilio, pero al mismo tiempo sufren grandes penalidades y ansían la recuperación de la nación como en los tiempos mejores de la dinastía del rey David. Dos sentimientos que coinciden en el corazón del pueblo que sabe que vive satisfecho por la vuelta pero en su corazón existe la incertidumbre ante el camino que hay que recorrer.

La Segunda Lectura nos recoge unas expresiones llenas de cariño de parte del apóstol por la comunidad de Filipos. Por un lado expresa la alegría que le brindan por su respuesta y apoyo en el camino del anuncio de la buena noticia de Jesús, y, por otro lado, les insiste que él mantiene su vínculo con ellos a través de la oración: “Y esta es mi oración: que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios”.

El Evangelio nos lleva de la mano del que será unos de los protagonistas de este Adviento: Juan el Bautista. El evangelista inicia el mismo ubicándonos en el entorno histórico en el que, “el último de los profetas” realiza su misión; siguiendo la tradición de los escritos del Antiguo Testamento.

Luego presentan la figura del Bautista haciendo un llamado que no es novedoso, ya que es un llamado constante al pueblo de Israel, pero realizado de manera urgente en este momento de la historia. La llegada del esperado requerirá una disponibilidad del corazón para poder acoger la buena noticia. Una noticia del que se hace carne en medio de su pueblo. Este mensaje, el más radical anunciado hasta ahora, tiene nombre y apellido: Jesús el Cristo. El esperado de los tiempos irrumpe con su presencia y esto requerirá que el corazón del hombre y la mujer de aquel tiempo, y de todos los tiempos, se dispongan para recibir su mensaje.

Por eso este tiempo se reviste de un marco muy especial: todos hemos de celebrar con alegría el nacimiento de Jesús. Pero, ¿realmente nos disponemos para entender las implicaciones de este nacimiento? ¿Realizamos un proceso reflexivo que me lleve a entender y asumir el mensaje del que nace pobre en medio del pueblo? Por eso este tiempo es uno de preparación; uno que me lleve a reafirmarme en el proyecto hermoso de Jesús. Finalizo con un cántico propio de nuestra tradición musical que recoge hermosamente este mensaje:

Tiempo de espera y preparación, Tiempo de espera en el Señor; Tiempo de santa alegría. Tiempo de santa alegría porque vendrá nuestro Redentor (2)
Tiempo de preparación para todos los cristianos; tiempo de amor y perdón para los hermanos (2)

Le lo lai lo le lo lai; abran camino al Señor: le lo lai lo le lo lai que nos trae la salvación.

Una voz grita en el desierto, Prepárense los caminos. Los caminos del Señor. Los caminos del Señor,

El que trae la Salvación. (2)

Por eso canto lo le lo lai, Porque el niño nacerá: Trayendo con su venida, Trayendo con su venida,

Lluvia de amor, alegría y Paz. (2)

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