(Solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos – Ciclo A)

Contexto

Celebramos la Ascensión. Lucas, al inicio de los Hechos de los Apóstoles (1, 1-11), narra ese acontecimiento, que vemos como una realización definitiva de lo anunciado por salmo real que sigue a la lectura (Sal 46). Pablo en el pasaje de la carta a los efesios que se proclama en esta fiesta (1,17-23) suplica al Padre, implorando gracias para los creyentes por los méritos de la resurrección y ascensión de Jesucristo. Finalmente, contemplamos el final del evangelio según Mateo (28,16-20) en la que el Resucitado reúne a sus Apóstoles en Galilea y les da la misión universal, prometiéndoles estar con ellos hasta el final de los tiempos.

Además, la Iglesia celebra hoy la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

Reflexionemos

Para nuestra reflexión quisiera partir del pasaje del evangelio en el que no se dice nada de la Ascensión, más aún parece decir algo opuesto, pues no dice que se va, sino que asegura que está con nosotros hasta el fin de la historia. Vale la pena recalcar el tiempo del verbo. No dice estaré, sino estoy. No es una promesa futura, sino una afirmación en presente. Entonces Jesús, ¿se fue o se quedó? Dice el Catecismo de la Iglesia 665: “La ascensión de Jesucristo marca la entrada definitiva de la humanidad de Jesús en el dominio celeste de Dios de donde ha de volver (cf. Hch 1, 11), aunque mientras tanto lo esconde a los ojos de los hombres (cf. Col 3, 3).” La Ascensión es un hecho metafísico, no se puede explicar meramente con términos de distancia, ubicación, etc. Tal vez podríamos precisar esto diciendo que Jesús está menos visible, pero más presente, pues su presencia no depende de que lo veamos, oigamos o toquemos, sino que es una realidad que supera nuestras percepciones. Con razón, Jesús invitaba a la Magdalena a soltarlo (cf. Jn 20,17) y ahora los ángeles dicen a los discípulos que dejen de mirar al cielo (cf. Hch 1,11).

Al entrar en el cielo, Jesús “deja la puerta abierta” para que nosotros entremos también a gozar de su gloria, pues para eso se unió a la humanidad, para que pudiera participar de su gloria (cf. Catecismo 666) y por ello ejerce su sacerdocio en la gloria, intercediendo para que podamos llegar a ella (cf. Hb 7,25; Catecismo 667 y prefacios de la fiesta).

En fin, si bien nuestra vida debe estar en tensión hacia el cielo, no podemos sacar los pies de la tierra, pues Jesús a partir de la Encarnación ha quedado unido por siempre no sólo a la humanidad, sino a toda la creación. Igualmente, nosotros siendo creaturas, debemos andar constantemente aspirando a lo que dice Pablo en la 2ª lectura anhelando la esperanza a la que Dios nos llama y la riqueza de gloria que nos quiere regalar.

A modo de conclusión 

En fin, la Ascensión nos invita no a desentendernos de este mundo, sino a hacer a Jesús más presente en este mundo y en nuestra cotidianeidad.

Al celebrar la Jornada de las Comunicaciones en medio de la pandemia y la cuarentena, se hace más patente el ideal de usar estos medios para evangelizar y hacer presente a Jesús a través de ellos. Además, el buen uso de los medios no se debe limitar a la Iglesia, por ello el Papa en su mensaje para esta 54ª Jornada invita a “trasmitir historias que construyan…que nos hablen de nosotros y de la belleza que poseemos”.

La presencia real de Jesús, después de la Ascensión, es independiente de nuestras percepciones y sentimientos, sin duda, la misma veracidad de su presencia, exige de parte nuestra hacerla patente en el mundo, pues su Ascensión no es sinónimo de ausencia, sino de una mayor presencia.

¿Se nota su presencia en mí?

Por Mons. Leonardo J. Rodríguez Jimenes

Para El Visitante

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