(Primero de tres partes)

Al pensar en el tema, no puedo menos que traer a mi memoria el sueño simbólico de Ezequiel contemplando los huesos secos. En aquel momento histórico los sueños del pueblo elegido se habían ido a pique. Y el profeta predica para recordarles que la Palabra de Dios no queda frustrada. La frustramos los hombres con nuestra libertad, pero su Palabra permanece para siempre.

Esa mezcla de horror y de esperanza es resumen de los retos que experimenta hoy la familia.

Por un lado nos aturden las estadísticas. El ideal cristiano de la pareja: hombre y mujer, compromiso para toda la vida, sexualidad perfecta en el compromiso estable, hogar que da vida y protege la vida, parece desmoronarse con las estadísticas contrarias que nos abruman. La escuela graduada de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR), Recinto de Ponce, presentó un estudio sobre la fragmentación del matrimonio en la década del 2000. Nos dicen:

– Por cada 100 matrimonios suceden 74 divorcios. Pero el estilo, aún en jóvenes con formación de colegio religioso, es no casarse sino convivir.

– Hoy hay tres estados: los casados, los solteros y los marinovios. Las relaciones prematrimoniales, contra nuestra enseñanza moral católica, ya se ven como normales e incluso necesarias.

– Un 33 por ciento de las familias son dirigidas por una mujer, sobre todo, por abuelas líderes de un hogar.

– El reflejo de estas rupturas y falta de compro- miso se encuentra en ese 58.4 % de familias bajo el nivel de pobreza.

– Se refleja también en las 35,166 querellas de maltrato infantil y los más de 13 mil casos de violencia doméstica al año.

Tengo que aceptar que las estadísticas no deben asustarnos. Ni mucho menos asumir la actitud de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. No creo que, en general, la familia de nuestros abuelos y antepasados presentase mejor cara. Pienso que los números eran iguales, excepto que no había entonces tanta comunicación para enterarnos como ahora, y que, por ejemplo, la realidad humana del divorcio con su tristeza, separación emocional, vidas paralelas y adulterios, se vivía también entonces, aunque no contabilizada en lo legal, pues no existía este recurso de ruptura. Pero hoy el reto ante la fragmentación del modelo matrimonial es más sofisticado.

En nuestro mundo globalizado aparecen nuevas grietas y nuevos retos para conseguir la familia ideal. Traigo como ejemplo el moderno neoliberalismo. Esa mentalidad que es fundamentalmente para organizar el mundo económico, no solo ha orientado a la economía de muchas naciones, sino que ha penetrado en las relaciones sociales, en la cultura y en el núcleo de todas las organizaciones. Por ejemplo, antes todas las industrias querían ser como una gran familia, y ahora todas las familias parece que tienen que ser una empresa. Así el matrimonio se piensa como un contrato, las relaciones están cada vez más evaluadas según un saldo de beneficios, las parejas tienen una alta rotación, las parejas son amores y trabajos temporales… ■

P. Jorge Ambert, SJ
Para El Visitante

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