Recordar es vivir

¿Qué niño de corazón olvidó las largas horas que pasó jugando con el trompo, el yo-yo, los jacks o brincando la cuica? Aunque sean juegos memorables para quien vivió la experiencia, el hecho de que la tecnología esté tan presente entre las generaciones actuales no es motivo para olvidarlos.

Con la cercanía del verano y la llegada de las vacaciones, las aventuras familiares al aire libre son la excusa perfecta para distraerse, disfrutar, recordar y poner en práctica los juegos tradicionales de antaño a la vez que se rescatan y enseñan a los más pequeños.

Juegos como las canicas, la peregrina, el gallito o preparar sus propias chiringas pueden devolver la alegría del pasado e incluso las reuniones familiares pueden optar por improvisar un pequeño día de juegos e incluir categorías divertidas como: carreras de saco, halar la soga, saltar la cuica o bailar hula hoop, entre otros.

Otra alternativa es repasar con los pequeños las melodías infantiles que se entonaban en la escuela como “Arroz con leche”, “Naranja dulce” o “Ambos a dos”. En definitiva, estos son temas que muchos padres y abuelos recordarán con nostalgia.

Con motivo de recordar los “viejos tiempos” se seleccionaron algunos juegos con sus debidas instrucciones para el disfrute de grandes y chicos.

Pelea de gallitos

Busca una semilla de algarroba. Con la ayuda de un adulto y utilizando un tornillo fino, hazle un hueco de lado a lado a la semilla. Luego le pasas un cordón grueso y le haces un doble nudo en el extremo. Ya tienes el gallito.

¿Cómo se juega?

1. Se hace un círculo en la tierra. El jugador número uno pone su gallito en el centro (lo agarra por el cordón). El jugador número dos, lanza su gallito (agarrándolo por el cordón) para tratar de darle al gallito del jugador número uno.

2. Se le da vuelta y tira. Si no le da, cambian, el jugador número dos coloca su gallito al centro y el uno lanza el suyo. Si se enredan los gallitos, el primero que grite “careo” le toca tirar.

3. Gana el que logre romper el gallito del otro. Si tu gallito gana, sigue compitiendo con los otros que lo retan por el título de campeón.

Ángel

1. Se escoge un área como “casa” en donde se paran en línea todos los jugadores.

2. Al otro lado se coloca en el piso, una cinta o paño. Se selecciona un niño/a para que haga de ángel.

3. En secreto los jugadores se asignan un color para cada uno.

4.  El ángel se acerca a la casa de los jugadores, toca dice:

-“Tun tun”,

-“¿Quién es?”

-“…el ángel”

– “¿Qué busca?”

-“…una cinta”

-“¿De qué color?”

dice: un color (por ejemplo: amarillo)

5. El jugador que tenga asignado ese color grita: “Yo lo tengo y no te lo quiero dar”. Y sale corriendo a atrapar la cinta y trata de volver a la “casa” sin que el ángel lo atrape.

6. Si es capturado el jugador se convierte en ángel. Todo vuelve a comenzar.

1, 2, 3 pescao

1. El pescador, un niño o niña, se coloca en la meta.

2. Los demás jugadores van a la salida. El pescador de espaldas a los jugadores, cuenta en voz alta y rápido: “Uno, dos, tres, pescao”.

3. Mientras tanto los jugadores adelantan hacia la meta.

4. A la cuenta de tres todos se paralizan y el pescador al decir “pescao” se vira, mira y envía para la salida al que vea moviéndose.

5. Se repite el proceso hasta que un jugador llegue a la meta y grite “pescao”.

6. Este se convierte en el pescador y vuelve a comenzar el juego.

Peregrina

1. Se dibuja en el piso una peregrina.

2. Cada jugador busca una piedrita.

3. El primer niño o niña tira su piedrita balanceándose en un pie, al número 1, cuadro que salta a los cuadros 2 y 3 (poniendo un pie a la vez en cada uno), luego brinca en un pie al 4. Salta los cuadros 5 y 6 (poniendo un pie a la vez, en cada uno)

4. Así hasta llegar al 10. Da vuelta y regresa. Cuando llegue nuevamente al cuadro 2 recoge la piedrita (que está en el 1), salta a la salida y cae en un pie.

5. Si lo logra, lanza otra vez la piedrita (en un solo pie), ahora al número 2. Repite el proceso. Si falla y la piedrita cae fuera del cuadro que le toca, espera su turno.

6. Gana el primero que lleve su piedrita al número 9. No se pueden pisar ningún cuadro que tenga otra piedrita de un jugador.

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Dr. Héctor Balvanera destaca el valor histórico y espiritual del Santuario de la Madre de la Divina Providencia

Durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, el investigador presentó un recorrido por cien años de historia, arquitectura y expresiones de fe que contribuyeron a consolidar la devoción a la Patrona de Puerto Rico. La historia del Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, ubicado en la Catedral de San Juan Bautista, fue el tema central de la ponencia ofrecida por el Dr. Héctor Balvanera durante el Simposio sobre el Año Jubilar Mariano y la devoción mariana en la identidad puertorriqueña, celebrado este martes, 13 de octubre. Bajo una perspectiva histórica, arquitectónica y patrimonial, el investigador presentó un análisis del desarrollo del santuario entre 1853 y 1953, destacando cómo la arquitectura, el arte, la liturgia y la participación de los fieles contribuyeron a fortalecer una devoción que llegaría a convertirse en parte esencial de la identidad religiosa puertorriqueña. Durante su exposición, explicó que la historia de esta advocación mariana no puede comprenderse únicamente desde su reconocimiento como patrona, sino también desde los espacios sagrados, las imágenes y las prácticas religiosas que permitieron transmitir su significado de generación en generación. La reconstrucción de la Catedral y el origen del Santuario El Dr. Balvanera situó los orígenes del santuario en el proceso de reconstrucción de la Catedral de San Juan Bautista durante el siglo XIX, particularmente bajo el impulso del obispo Gil Esteve y Tomás, quien llegó a Puerto Rico en 1849. La Catedral, cuya construcción y transformación se extendieron durante varios siglos, había experimentado daños y modificaciones como consecuencia de fenómenos naturales y dificultades económicas. El proyecto de restauración permitió reorganizar y embellecer el templo, integrando elementos arquitectónicos y artísticos que reforzaron su importancia como sede episcopal. Según explicó, la reapertura solemne de la Catedral en 1852 fue interpretada por sus contemporáneos como una manifestación de la providencia divina. En ese contexto surgió la iniciativa de establecer un espacio dedicado a Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia, como expresión de gratitud por la culminación de las obras. El investigador destacó que la creación del santuario no fue una iniciativa aislada, sino parte de un mismo proyecto que buscaba restaurar tanto la estructura material de la Catedral como fortalecer la vida espiritual de la Iglesia en Puerto Rico. Un espacio donde el arte y la liturgia se encuentran Uno de los aspectos más destacados de la conferencia fue el análisis arquitectónico de la capilla dedicada a la Virgen, establecida en un espacio anteriormente vinculado a la advocación de Nuestra Señora de los Dolores. Balvanera explicó que su ubicación dentro de la Catedral responde a una organización que establece una relación entre los espacios dedicados a la Eucaristía y a la devoción mariana. Esta disposición permitió integrar el santuario al conjunto arquitectónico sin restar centralidad a las celebraciones litúrgicas. Asimismo, destacó el valor del programa iconográfico de la capilla, cuyas representaciones relacionan acontecimientos y personajes del Antiguo y Nuevo Testamento con la figura de María y su participación en la historia de la salvación. El investigador también abordó la evolución de las imágenes veneradas en el santuario, comenzando con el conjunto escultórico de la Virgen y el Niño encargado en Barcelona en 1853. Con el paso de los años, el espacio experimentó transformaciones y enriquecimientos artísticos, entre ellos la construcción del camarín en 1881 y la incorporación de elementos decorativos que resaltaron la dignidad de la imagen mariana. Una devoción construida por el pueblo Más allá de los elementos arquitectónicos, el Dr. Balvanera destacó el papel fundamental de los fieles en el desarrollo y sostenimiento del santuario. Desde sus comienzos, la comunidad participó en la adquisición de imágenes, el financiamiento de obras y la organización de celebraciones religiosas. Las novenas, las misas cantadas y otras prácticas de piedad contribuyeron a establecer una tradición devocional que trascendió generaciones. En este sentido, explicó que el reconocimiento de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia como Patrona de Puerto Rico no puede entenderse únicamente como resultado de una disposición eclesiástica, sino como la culminación de un proceso espiritual y cultural desarrollado durante décadas. La permanencia de las celebraciones y el compromiso de sacerdotes, benefactores y comunidades permitieron conservar esta tradición incluso durante los períodos de transformación del santuario. La coronación de 1953 y la identidad puertorriqueña La última parte de la ponencia estuvo dedicada a las intervenciones realizadas entre 1951 y 1953, relacionadas con la coronación de la imagen de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia. El investigador explicó que estos trabajos incluyeron la restauración de elementos del santuario y de la imagen, así como la incorporación de símbolos que reafirmaron el vínculo entre la advocación mariana y el pueblo puertorriqueño. Entre ellos destacó la colocación del escudo de Puerto Rico y una inscripción conmemorativa que identificaba a la Virgen como protectora del país. Para Balvanera, la coronación de 1953 representó el reconocimiento solemne de una realidad espiritual construida durante un siglo mediante la participación de generaciones de fieles. También llamó la atención sobre la presencia de la cripta episcopal bajo el santuario, un elemento que permite relacionar la historia de la devoción mariana con la sucesión de los pastores que han acompañado a la Iglesia en Puerto Rico. Patrimonio, memoria y fe Al concluir su intervención, el Dr. Balvanera subrayó que los patronazgos religiosos requieren mucho más que reconocimientos oficiales: necesitan lugares, imágenes y prácticas capaces de conservar y transmitir la memoria espiritual de una comunidad. Desde esta perspectiva, el Santuario de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia constituye un testimonio vivo de la relación entre la fe católica y la identidad puertorriqueña. Su historia demuestra cómo la arquitectura, el arte y la liturgia pueden convertirse en expresiones concretas de la experiencia religiosa de un pueblo. La ponencia ofreció así una mirada al patrimonio mariano de Puerto Rico, invitando a reconocer en el santuario catedralicio no solamente un espacio de veneración, sino también un lugar donde convergen la historia, la memoria colectiva y la fe de generaciones de puertorriqueños.

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