Mi hermano, el joven aguadeño, Emmanuel J. Méndez Acevedo, es misionero-voluntario laico, de la orden Salesiana. Actualmente lleva 9 meses trabajando en la MISIÓN SALESIANA de Lufubu, en el país de Zambia, en el continente Africano. Esta Misión consiste de:

Un Colegio de Agricultura para jóvenes de escasos recursos. Se ofrece un certificado en agricultura al completar 1 año de entrenamiento.

La segunda, un Centro Juvenil para los niños y jóvenes de la comunidad. En un ambiente de juego y diversión para los niños, se integra la formación cristiana y académica. Sobre 150 niños disfrutan de este lugar diariamente. Durante los fines de semana usualmente nos visitan sobre 200 niños y jóvenes.

En esta Misión se hace una gran labor humanitaria. Emmanuel identificó las necesidades primordiales.

LA EDUCACIÓN es la mejor herramienta para poder ayudar a esta comunidad. Sus mochilas son bolsas plásticas. El borde de sus libretas logra romper las bolsas con bastante facilidad. En tiempo de lluvia es un poco difícil mantener sus libretas fuera del alcance del agua. El centro intenta ayudar académicamente a los niños ayudándolos con tutorías y práctica adicional en las materias de inglés, matemáticas y ciencias.

Por lo cual es de suma importancia poseer equipo escolar.

RECREACION Y DEPORTES: Además de la educación, la recreación y los deportes son un componente fundamental de la Misión. ¿Se imaginan 150 niños utilizando algún juguete o balón diariamente? Los balones de futbol, baloncesto, voleibol, netball y bádminton, se destruyen en muy poco tiempo. Por lo cual siempre están en necesidad de contar con equipo deportivo.

Motivados por el trabajo que realiza Emmanuel, y ya identificadas las necesidades, nuestra familia decidió visitar la Misión y proveerle artículos escolares y deportivos. Nos dimos a la tarea de lanzarnos a una campaña sencilla de solicitud y recaudación de fondos para comprar estos artículos y llevarlos personalmente. Para nuestra grata sorpresa, cuando comunicamos esta meta a familiares, amigos y a compañeros feligreses, el apoyo y la colaboración sobrepasaron nuestras expectativas.

Durante los días del 20 de julio al 3 de agosto de 2016, mi madre y yo emprendimos un viaje para Zambia a conocer la Misión de Lufubu. Una vez llegamos a la capital, Lusaka, logramos comprar materiales escolares al igual que equipo deportivo como: bolas de baloncesto, balompié y netball, raquetas y volantes de badmington, terecinas, dardos, películas, máquinas para recortar cabello entre otras cosas.  También compramos camisas y mochilas para las niñas y los niños que acuden al Centro Juvenil. Esto fue posible gracias a las aportaciones que con mucho amor proveyeron nuestros amigos, familiares de sangre y hermanos en Cristo de Puerto Rico.

El viaje desde la capital fue largo y agotador (15 horas en guagua desde la Capital hasta Lufubu), pero una vez llegamos a la aldea de Lufubu y conocimos a la comunidad fuimos contagiados con su alegría, amor y desprendimiento por lo material. Pudimos observar que estas familias poseen muy pocas pertenencias materiales. Viven en casa tipo-bohíos, y no cuentan con electricidad ni agua potable. La mayoría son agricultores y se alimentan de lo que cosechan. Acuden al río para buscar agua para cocinar, para bañarse y lavar ropa. Visten de manera muy sencilla, sus ropas remendadas y mayormente están descalzos. Los niños participan del Centro Juvenil 6 días a la semana por 3 horas en las tardes. Ahí juegan, aprenden y obtienen formación cristiana. Inmediatamente nos recibieron con mucha simpatía y amor sin saber que traíamos obsequios. Cuando les entregamos los equipos y materiales se desbordaron en alegría y agradecimiento e inmediatamente los pusieron a buen uso.

En esos días que convivimos con la comunidad de Lufubu, recibimos mucho más de lo que dimos. Recibimos un inmenso y desinteresado amor. Mostraron una contagiosa alegría. Recibimos comida de sus cosechas y mostraron un genuino interés en conocernos al igual que a nuestro país. Se esmeraron en enseñarnos sus costumbres y cultura.  Aprendimos más de lo esperado. Comprobamos que la felicidad en nada depende de la posesión de cosas materiales. Nos mostraron que esa carencia de cosas materiales en nada afecta su felicidad. Ciertamente, su falta de cosas materiales hace que su vida sea inmensamente dura en comparación con nuestra vida. Pero esa realidad no obstaculiza su felicidad. En contraste, nuestra abundancia de cosas materiales nos facilita la vida, pero vivimos en una sociedad infeliz e insatisfecha. Fue evidente que la pobreza es relativa y ser feliz es una elección.
De parte de la familia Méndez Acevedo agradecemos de corazón a todas las personas que de una manera u otra colaboraron con donaciones, aportaciones económicas y sobre todo oraciones para que pudiéramos entregar materiales educativos, deportivos, religiosos y ropa para los niños que participan del oratorio de la Misión Salesiana en la comunidad de Lufubu, Zambia.

(Marién Méndez Acevedo)

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