La Diócesis de Mayagüez realizó su peregrinación penitencial cuaresmal a la Colina Sagrada de Hormigueros. El pasado lunes, 19 de febrero tuvo lugar nuestra caminata penitencial. Partimos del puente junto al cementerio municipal y caminamos al Santuario de Nuestra Señora de Monserrate, Patrona de la Diócesis y Protectora de Puerto Rico.

Una nutrida representación del presbiterio, cuerpo diaconal, comunidades de Vida Consagrada y fieles de la mayoría de las 30 parroquias estuvieron presentes en este encuentro diocesano. Fue una jornada de oración y penitencia. Oramos por nuestra patria puertorriqueña lastimada por los acontecimientos de los últimos meses, desde el huracán que provocó devastación, hasta la incertidumbre que es consecuencia de la ausencia, en las recientes décadas, de una gobernanza  responsable y comprometida con el bien común. Ofrecimos el dolor de nuestra gente, por los muchos que aún viven en la precariedad y carencia de servicios esenciales. Dimos gracias también por el don de la vida e imploramos la protección y salvación de nuestra tierra borincana.

Jóvenes representativos de la Pastoral Juvenil dirigieron el Rosario en la caminata hasta la Basílica. Ellos son protagonistas en este tiempo cuaresmal en las misiones diocesanas. Nos preparamos al mismo tiempo para la Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar el próximo mes de enero en Panamá.

El Obispo, Mons. Álvaro Corrada Del Río, S.J., presidió la peregrinación, caminando junto al pueblo fiel y celebrando la Eucaristía. En su homilía nos exhortó a dar acogida en la colina sagrada a la Palabra de nuestro Dios. Fueron providenciales las lecturas de ese lunes de la primera semana de Cuaresma. Las mismas iluminaron y dieron mayor sentido a nuestra peregrinación. Dios nos convoca a ser santos, a ser semejantes a Él. Quiere que seamos santos como Él es Santo. Es esta una verdad que resuena desde el origen de la historia sagrada.

El ser humano tiene que asumir sus obligaciones, pero ha de asumirlas siendo libre para tener como fruto la alegría. Este día se proclamó el capítulo 25 de San Mateo, el relato del juicio final. Tal mensaje trastoca lo que el ser humano piensa. El Reino instaurado por Jesús es eterno, es Reino de libertad. Cada uno ha de elegir lo que quiere, no por obligación, sino por amor. Las obligaciones acorralan, las tenemos siempre. La libertad del Reino de Dios transforma el mundo, genera alegría.

Muchos han colaborado a nuestro bien. Los hombres y mujeres que eligen a Jesús salieron al encuentro de sus hermanos necesitados por amor en estos pasados meses. Dios nos da la libertad para hacer el bien. Acudimos al Santuario libremente a hacer penitencia. El ejercicio de la misericordia es opción libre del ser humano.  Lo es del creyente, que asume el Reino.

El camino del Reino es uno de libertad. Seamos santos, siendo libres y alegres. Seamos libres en el camino a la santidad asistiendo al pobre, enfermo, al encarcelado, al sediento y hambriento, al extranjero y a quien no tiene techo. Así recibiremos en la hora suprema la más hermosa y plena sentencia: “Vengan benditos de mi Padre y hereden el Reino preparado para ustedes… porque tuve hambre… sed… estuve desnudo… fui forastero… cada vez que lo hicieron con uno de mis pequeños, conmigo lo hicieron”.

(P. Edgardo Acosta Ocasio)

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