En este domingo Jesús nos ayuda a ver dónde se manifiesta la voluntad de Dios. ¿Qué vale más: ¿los diez centavos de la viuda o los mil dólares de los ricos? Para los discípulos como para muchos de nosotros, los mil son mucho más útiles para hacer la caridad que los diez centavos de la viuda. Porque pensamos que el problema de la gente se  puede resolver solo dando mucho dinero.

De hecho, para los que piensan así, los diez centavos de la viuda no sirven de nada. Jesús con su palabra nos enseña algo diferente: “Esta viuda que es pobre, ha echado más que todos los que echan en el Tesoro”. Él tiene criterios diferentes. Llamando la atención de los discípulos hacia el gesto de la viuda, nos ayuda a descubrir dónde debemos procurar ver la manifestación de la voluntad de Dios, a saber, en los pobres, y en el compartir.

Hoy hay muchos pobres que hacen lo mismo. La gente dice: “El pobre no deja morir de hambre a otro pobre”. Pero a veces, ni siquiera esto es posible. Recuerdo a una anciana que vivía en el interior de la Isla que tuvo que irse a vivir en la periferia de la capital, y me decía: “En el interior, la gente era pobre, pero tenía siempre una cosita para dividir con el pobre que estaba a la puerta. Ahora que estoy aquí en la capital, cuando veo a un pobre que viene, me escondo de vergüenza porque ¡no tengo nada en casa que compartir con él!”.

Nuestro mundo está lleno de contradicciones por un lado, hay gente rica que tiene de todo, pero que no quiere compartir. Por el otro: gente pobre que no tiene casi nada, y que quiere compartir lo poco que tiene…

Es por eso que para aprender el camino del Reino, todos necesitamos volvernos alumnos de aquella viuda, que compartió todo lo que tenía, lo necesario para vivir. ¿Te animas a seguir su ejemplo?

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