La lírica del Poverello de Asís refuerza el sentido ecológico de la creación. Esa vertiente-luz, que inspira al Papa Francisco, es soplo de verdades sobre el mundo como casa de todos, como herencia de salud y vida. El santo del siglo XII, que se vistió de pobreza, acumuló virtud para inyectarle a una época fragmentada por el descrecimiento y la deforestación de los ideales fundamentales.

Es el eco del Santo y su grito profético los que emergen como un sustrato a la plataforma luminosa del Papa Francisco. La suave y dulce familiaridad del Poverrello quedó estacionaria sobre el hermano sol, la hermana agua, la hermana tierra. Ese parentesco natural acercó al ser humano a la naturaleza y abrevió la ruta de ternura entrañable, para un abrazo irreversible y totalizante.

En estas circunstancias de premura ecológica el Papa Francisco vierte la solicitud de su ministerio sobre el bien común universal. El mundo entero es agenda y preocupación apremiante para el Pastor con olor a oveja. Esta casa de todos, amplia y pequeña, aldea global, no resiste el insulto, ni los violentos acechos de aquellos que con autoridad económica hacen y deshacen, golpean los bienes de los países en desarrollo, controlan los recursos vivos de comunidades que padecen al lado del esplendor económico de unos pocos.

La creación es tarea, encomienda, compromiso. Hay una responsabilidad básica de dominar la tierra y hacerla productiva sin permitir que el egoísmo, la ambición y el lucro conviertan en ideología la ruta ascendente del hombre sobre el planeta. La desmesurada pretensión de despilfarrar los bienes de todos, desequilibra la fibra moral y hace del estorbo ético una cotización para ganancias mayores.

La cordura sensible y la honradez del corazón del Papa Francisco son plataforma para ampliar los equilibrios y dar un giro a toda agenda que contemple la erosión de la hermana tierra y la convierta en desecho y veneno. Hasta ahora el desmantelamiento de los surcos en flor, el agotamiento de las aguas renovadoras y el festín de todos los recursos, que son misericordia de Dios, necesita de una ternura que se asemeje a la de Dios Creador, el Señor de la verdades eterna.

Esta Encíclica debe poner tensión y responsabilidad en toda la bella isla de Puerto Rico. La salud mental y la física, tan afectada en estos días, tienen su anclaje en el deterioro del ambiente, en el inmisericorde corte de árboles, en el abuso de pozos y quebradas. Una educación buena y justa entre la población y el medio ambiente será un homenaje a la vida buena del evangelio, un cántico a las criaturas de Dios.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here