Seguimos avanzando en nuestro camino hacia la Navidad, un camino gozoso y esperanzador. Los textos bíblicos de este domingo nos lo confirman ya que son una invitación a vivir en alegría. Porque el Señor nos ha perdonado y está en medio de nosotros, salvándonos y alejándonos del temor.

Dice un autor contemporáneo: “Todos queremos ser felices, porque este deseo lo llevamos en los genes. Hoy más que nunca se cultiva y se desea un mundo feliz. Pero lo que se ofrece es una felicidad “barata”. Es una felicidad que rehúye el esfuerzo, el sacrificio, el aguante… Va unida al consumo, al placer, al éxito fácil y todo con rapidez. Se aparta de nuestra vida todo lo que suponga dolor -para eso están los paliativos- enfermedad, ancianidad, fracaso, muerte…Todo el mundo tiene que sonreír, ser joven, seducir… Pero todo esto a la larga produce vacío y angustia.

La verdadera alegría es otra cosa. Tiene que ver con la libertad íntima, con la meta conquistada, con el esfuerzo creativo, con el dolor fecundo, con la comunicación sincera, con la apertura generosa… Es decir, con el amor”.

La alegría mejor es la que, rompiendo las capacidades humanas, busca otras fuentes más escondidas, como dice el profeta Isaías y así podrán: “Sacar aguas con gozo de la fuente de la salvación”. Es una alegría que se contagia de la alegría divina: “Dios se goza y se complace en ti”. O como dice otra versión más expresiva: Él Exulta de gozo por ti… danza por ti con gritos de júbilo, como en los días de fiesta. ¿Te imaginas a Dios danzando y gritando de alegría por ti?

Eso es lo que el Papa Francisco quiere que vivamos durante este Año Jubilar, la alegría de experimentar el perdón. Jesucristo es “la Puerta” y todo el que entre por ella “se salvará”. Es por eso que hoy con un rito especial en cada Catedral del mundo se abrirá una puerta que remite a la puerta del corazón misericordioso de Dios, rasgado en el costado abierto de Cristo en la Cruz. Te invito a participar de tan singular celebración. A vivir este año como “un momento extraordinario de gracia y renovación espiritual”. Para que llegues –como nos motiva el Papa Francisco- a ser “Misericordioso como el Padre”.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here