En una típica mañana ajetreada de verano entre neveritas, trajes de baño, toallas y olor a sunblock, se cuelan unos “Corazoncitos misioneros” en el terminal de transporte marítimo de Fajardo.  Poco a poco van llegando niñitos y jóvenes entre 4 a 18 años, quienes con sus zapatos deportivos, gorra y una peculiar camiseta, dejan ver a través de sus ojos un brillo particular. Sus atuendos y cargamentos contrastan con el resto de la masa, pues los artículos playeros han sido sustituidos por Biblias, artículos de primera necesidad y lo que ellos llaman “las mantitas de la Misericordia”.  Su objetivo: llevar a cabo una misión que les ha sido encomendada por un “Amigo Especial” quien les ha pedido que lleven su mensaje a personas convalecientes de una isla vecina.

Zarpan por fin muy entusiasmados, pues durante semana y media de campamento han trabajado arduamente para cumplir su particular encomienda. Llegaron al puerto de Vieques y ni el vaivén de las olas, ni el sol candente del mediodía, ni la caminata hasta la parroquia Santiago Apóstol e Inmaculada Concepción, lograban borrar aquella sonrisa llena de tanto amor. El párroco, catequistas y niños de la Catequesis Familiar Integral, les recibieron y rápidamente pusieron manos a la obra. Se dividieron en grupos, hicieron la oración del Niño Misionero y Biblia en mano salieron a recorrer las calles de aquella “Isla Nena” que muy cordialmente les recibía.

Una por una, unas seis casas fueron visitadas y en cada una de ellas se sentía la presencia de aquel “Amigo Especial” que les había enviado de misión; sí, Él también estuvo allí, en cada casa, en cada momento, en cada oración de aquellos valientes niños. “Misión cumplida”, se dijeron satisfechos aquellos niños y jóvenes de la parroquia Santísimo Redentor de Fajardo, quienes por noveno año consecutivo participaban de su campamento de verano. Contaron sus experiencias en plenaria, compartieron pizza con los niños y catequistas que les recibieron y luego de una visita express al Fortín del Conde Mirasol, partieron de regreso al terminal de lanchas, pues era hora de regresar con mami y papi.

Pero aquel “Amigo especial” les tenía una misión más. A las 2:00 p. m. se escuchó un altavoz anunciar que todos los viajes entre Fajardo y Vieques habían sido suspendidos indefinidamente. Unos 44 niños y jóvenes a cargo de 12 adultos, quedaban varados a horas de que comenzara a oscurecer. La confusión y preocupación rápidamente se apoderó de los adultos, pero aquellos pequeños y jóvenes “Corazoncitos Misioneros” no perdían la sonrisa, pues sabían que su “Amigo Especial”, también estaba allí. Se sentían seguros, protegidos y animados. Entre caras de enojo, angustia y preocupación, se escuchaban y sobresalían carcajadas y canciones de ronda. Al cabo de unas 6 horas, arribó por fin la lancha, que fue recibida entre las risas y aplausos de los pequeños misioneros. Las caras agobiadas, serias y cansadas que descendían del viaje procedente de Fajardo, parecían transformarse al son de cánticos de alabanza entonados por los “Corazoncitos Misioneros”, pues contrario a lo que ellos pensaban, esta parecía ser la última encomienda de aquel “Amigo Especial”. No solo fueron enviados a alentar a convalecientes con dolencias físicas, sino también a alegrar y alivianar aquel ambiente cargado llevando un mensaje positivo, un mensaje de amor, tolerancia, paz y respeto. El mensaje de su “Amigo Especial”.

(Gedisha Meléndez)

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