Una niña con corazón de adulta en la fe 

En tiempos en que la niñez suele estar rodeada de distracciones, la vida de Keyriam Andrade Casanova resplandece como un testimonio vivo de fidelidad y amor a Cristo. Con apenas 10 años, esta joven perteneciente a la parroquia Nuestra Señora del Carmen en Río Grande se ha convertido en un ejemplo de madurez cristiana y de entrega generosa al servicio de la Iglesia. 

Criada desde pequeña en la fe católica, Keyriam perseveró junto a su familia en la capilla La Milagrosa, en el sector de Alturas, donde ha ido cultivando su vida espiritual. A los 9 años recibió su Primera Comunión, momento que marcó un antes y un después en su vida de fe. Poco después, sintiendo el llamado de servir más de cerca al Señor, se incorporó como servidora del altar, ministerio en el que se desempeña con entusiasmo, disciplina y un amor profundo por la liturgia. Su dedicación y responsabilidad han despertado la admiración de sacerdotes, catequistas y compañeros, quienes reconocen en ella un espíritu de liderazgo y una madurez poco común para su edad. 

El pasado domingo 28 de septiembre, en la capilla de Alturas, su vida de fe dio un paso trascendental. Durante la Santa Misa presidida por Monseñor Luis Francisco Miranda Rivera, O.Carm., Obispo de Fajardo-Humacao, Keyriam recibió el sacramento de la Confirmación. Lo extraordinario es que, aunque canónicamente suele recibirse en la adolescencia, el Obispo reconoció en ella la madurez humana y cristiana que la hacen ya una joven discípula de Cristo. “En Keyriam se ve un corazón disponible para Dios, un alma que sabe escuchar y servir”, expresó Monseñor Miranda al imponer el santo crisma. 

Este reconocimiento no es fruto del azar. Keyriam, junto a su familia, ha caminado siempre de la mano de la Iglesia, participando activamente en la vida parroquial y mostrando una fe alegre que contagia a quienes la rodean. Sus compañeros servidores del altar la describen como una niña responsable, puntual y siempre dispuesta a ayudar. Sus catequistas afirman que posee una madurez que la convierte en ejemplo para otros niños de su edad. 

Hoy, Keyriam nos recuerda que la santidad no tiene edad. Ella es un signo de esperanza para la parroquia y para toda la diócesis, pues muestra cómo, con la guía de la familia y la comunidad de fe, los más pequeños pueden crecer en gracia y convertirse en verdaderos testigos del Evangelio. 

La Iglesia en Río Grande se alegra y da gracias a Dios por la vida de esta joven que, con tan solo 10 años, ya es un faro de luz y de compromiso en medio de nuestra comunidad. Que su ejemplo inspire a muchos niños y jóvenes a abrir el corazón a Cristo y a decirle, como ella, un generoso “sí” al servicio de la Iglesia. 

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