Yo fui una de las peregrinas privilegiadas de ver al Papa Francisco bien de cerca, ver al Papa súper cerca significó mucho para mí, ya que es uno de los muchos deseos que uno lleva a la Jornada Mundial de la Juventud. Era el día de la bienvenida, en el momento que él hacía su entrada, en medio de las vallas y los millones de jóvenes, yo me preguntaba si pasaría cerca del grupo de Puerto Rico. En el momento crucial, uno de mis compañeros, Edwin, señaló una de las cuatro esquinas del cuadrante donde nos encontrábamos ubicados los peregrinos.

Él pronosticaba que el Papa pasaría por ahí. Yo en ese en ese preciso momento, como cuando el Señor te dice: “No tengas miedo”, pues salí corriendo, la única de los 64 peregrinos que habíamos. Llegando a la valla donde se encontraban cientos de jóvenes y al otro lado otros cientos de miles, el Papa Francisco se estaba acercando y precisamente a ese lado de la valla, pude ver su rostro y sentir su bendición, sentí tanto la presencia de Dios a través del Papa Francisco. Seguí las instrucciones de Dios en mi corazón y recibí un signo para confirmar mi fe. También sentir esa alegría tan inmensa porque tuve mi fe intacta desde el primer momento cuando hice el primer pago para poder asistir a la peregrinación cuando sentí que Él me decía en mi corazón: “No te preocupes por nada tú estarás ahí”. ¡Y digo una vez más de las miles de veces gracias Señor por tus bendiciones!

(Elizabeth Murrillo)

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