Queridos fieles, sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas de la amada Arquidiócesis de San Juan en Puerto Rico,
En este día en que la Iglesia celebra la Solemnidad de la Transfiguración del Señor, él mismo nos concede vivir un momento de extraordinaria gracia y de luminoso renacimiento para su comunidad diocesana. El Santo Padre, el Papa León XIV, ha dirigido su mirada a esta Iglesia particular, nombrando hoy a su nuevo Arzobispo, en la persona de S.E. Mons. Eusebio Ramos Morales.
La coincidencia de este nombramiento con la fiesta del Tabor no es casual, sino que encierra un profundo significado espiritual. Como nos recuerda la liturgia de hoy en su Prefacio, ante los discípulos el Señor reveló su gloria en nuestra propia humanidad, haciendo resplandecer una luz incomparable “para apartar del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz y manifestar que se cumpliría en la totalidad del cuerpo de la Iglesia lo que brilló admirablemente en él mismo, su cabeza”
El pastor que guía a una comunidad está llamado a anunciar este misterio de transfiguración, dejándose plasmar día tras día por la Palabra de Dios y por el encuentro vivo en el corazón de los fieles. Vivimos en un tiempo que tiene hambre de autenticidad, en el que corremos el riesgo de confundir el lujo con la belleza y la apariencia con la armonía. Pero el Evangelio de hoy nos devuelve la urgencia de una belleza que salva: la de un Dios que nos quiere felices, que nos atrae hacia sí y nos pide orientar la mirada interior hacia la verdad y la plenitud de su amor.
Las dificultades de cada día, también aquellas a las que se enfrenta cada Iglesia local, si se afrontan con espíritu de fe, se convierten en el lugar mismo de nuestra transfiguración, donde el Señor nos hace resplandecer con su gracia; por el contrario, cuando falta la fe, esas mismas pruebas se vuelven grises y terminan por desfigurarnos el alma y desgastar la esperanza.
El traspaso del testigo de la responsabilidad pastoral que hoy vivimos no es un simple relevo burocrático, sino la entrega de la belleza que la gracia del Señor ha escrito en la historia de esta Iglesia particular. Una historia que sigue floreciendo en esa rica y fecunda diversidad que el Espíritu Santo sabe hacer nacer y custodiar en la Iglesia.
En este momento solemne, el primer pensamiento de gratitud y de profundo afecto se eleva al Señor por el ministerio generoso, entrañable y apasionado de S.E. Mons. Roberto Octavio González Nieves, OFM, quien desde 1999 ha guiado con dedicación paternal, coraje y fidelidad a la Arquidiócesis de San Juan.
Monseñor Roberto ha sabido conducir a esta Iglesia a través de las estaciones de la historia, acompañándola con la mirada de la fe incluso en los momentos complejos, haciéndose testigo de aquella caridad y de aquella entrega que hacen espléndido el Evangelio. A él va nuestro agradecimiento más cálido, conmovido y reconfortado, abrazándolo con el afecto de toda la comunidad diocesana y de la Iglesia universal por el hermoso camino recorrido.
Con la misma alegría y con espíritu de viva esperanza, dirigimos nuestro más caluroso saludo y nuestra afectuosa bienvenida a S.E. Mons. Eusebio Ramos Morales, hasta hoy Obispo de Caguas y anteriormente primer obispo de la Diócesis de Fajardo-Humacao, a quien el Papa León XIV ha llamado a recoger este testigo para guiar sus pasos como nuevo Pastor de San Juan.
A Monseñor Eusebio se le pide guiar este nuevo tramo de camino eclesial; lo hará con la conciencia de quien ya ha sido pastor y maestro de una iglesia diocesana, pero también con el asombro renovado de quien se encuentra con personas y estructuras que aún no conoce de cerca. Acójanlo con el corazón abierto, listos para subir juntos al monte de la oración y de la escucha para dejarse contagiar por el asombro de la fe. Como nos enseña la Transfiguración, «qué bueno es estar aquí, Señor, qué bueno es ser tus discípulos»: que puedan experimentar que creer no es un deber gravoso, sino la cosa más hermosa, luminosa y transformadora que podemos vivir en nuestra cotidianidad.
Que la Virgen María, Nuestra Señora de la Divina Providencia, protectora de esta tierra puertorriqueña, acompañe y custodie con amor de Madre el camino de la Arquidiócesis de San Juan en este nuevo día de gracia.
A todos imparto de corazón mi bendición.
Piergiorgio Bertoldi
Delegado Apostólico



