Homilía por el 50 Aniversario de fundación de la Parroquia San Antonio María Claret de Bayamón


“¡Qué hermosos son, sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz, del que anuncia la felicidad, del que proclama la salvación…” (Is 57,7).

Estas palabras de la primera lectura de hoy, salidas de la boca del profeta Isaías, sirven para describir los pasos, de quien fuera español de nacimiento, misionero de vocación, fiel hijo de la Virgen María, Arzobispo de Santiago de Cuba, fundador de la familia claretiana (1849), y desde 1950, es santo de la Iglesia: San Antonio María Claret. Como Santo de la Iglesia Católica, éste santo es patrono de esta parroquia, en su honor.

Hoy, para ustedes, esta liturgia se reviste de triple motivo de alegría y de celebración. Primero, hoy es la fiesta litúrgica de su Santo Patrón, San Antonio María Claret, fallecido en Francia en 1870, en el destierro, a sus 63 años de edad.

En su lápida, San Antonio María Claret pidió que le escribieran una frase (epitafio) que el Papa Gregorio VII dijo en su lecho de muerte: “Amé la justicia y odié la inequidad, por eso muero en el destierro”.

Ejemplo de lo anterior, fue el gesto de San Antonio María Claret cuando era Arzobispo en Santiago en Cuba.

Aquí les narro una anécdota de este gran evangelizador de la Iglesia: “Un día reprendió a un rico propietario que maltrataba a los pobres negros que trabajaban en su hacienda. Viendo que aquel hombre no estaba dispuesto a cambiar de conducta, el Arzobispo intentó darle una lección. Tomó dos trozos de papel, uno blanco y uno negro. Les prendió fuego y pulverizó las cenizas en la palma de su mano. Señor, – le dijo – ¿podría decir qué diferencia hay entre las cenizas de estos dos papeles? Pues así de iguales somos los hombres ante Dios” (http://www.corazones.org/santos/antonio_m_claret.htm).

Hoy yo quiero felicitar de todo corazón a la familia claretiana en Puerto Rico en la fiesta de su santo fundador. Nuestra Arquidiócesis ha sido bendecida abundantemente por la familia espiritual de Claret desde su establecimiento en 1961 hasta el presente. Fieles al espíritu evangelizador de su fundador, han sido incansables y celosos servidores del evangelio de Cristo mediante su ardor misionero.

Aquí, en nuestra Arquidiócesis han fundado varias parroquias como el Inmaculado Corazón de María, la Parroquia San José y esta Parroquia de San Antonio María Claret. De hecho, no solo nuestra Arquidiócesis ha sido tocada por el carisma de San Antonio María Claret, sino que en nuestra Conferencia Episcopal Puertorriqueña tiene entre sus obispos a un hijo espiritual de San Antonio María Claret: mi hermano en el episcopado, Mons. Rubén González Medina, hoy Obispo de Ponce y pasado Obispo de Caguas.

¿Cómo describía San Antonio María Claret el proceder de los miembros de la congregación que había fundado? “Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todo el mundo en el fuego del divino amor. Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas”.

¿Acaso no es esto lo que tanto urge en la Iglesia en Puerto Rico en estos momentos de la Nueva Evangelización y de la misión permanente continental lanzada desde Aparecida

La vida de San Antonio María Claret nos debe servir de inspiración en estos momentos de tantos desafíos de la fe pues en este gran danto vemos el discípulo fiel, el evangelizador a tiempo y destiempo, un Obispo incansable y un hijo fiel de María.

El segundo motivo de alegría y celebración es el quincuagésimo aniversario de la fundación (erección canónica) de esta parroquia. ¿Cuál es la identidad/esencia de una parroquia? Es la de ser una comunidad de fieles (cf. CDC, n. 515) Estas dos cosas tienen que existir: fieles y comunidad. La comunidad tiene que ser de fieles y los fieles tienen que actuar, sentirse como una comunidad. Comunidad nos refiere a otra palabra: “común”. Común es que es de todos, que no se excluye a nadie. El vínculo que une a toda una comunidad católica ha de ser la fe en Jesucristo que no puede ser mejor expresada como la rezamos en el Credo de la Iglesia.

Al celebrar estos 50 años de existencia parroquial, Jesús nos dice en el Evangelio de hoy: “Síganme, y yo los haré pescadores de hombres” (Mc 1, 14-20). Esta invitación que Jesús hace a Simón y a Andrés, también la hace a cada parroquia: síganme para hacerla pescadores de hombres, pescadores de mujeres, de ancianos, de ancianas, de jóvenes y de niños y niñas ¿Cuándo es que una comunidad parroquial se convierte, a invitación de Jesús, en pescadores de almas? Cuando cada fiel actúa como describía San Antonio María Claret a sus hijos: arda en caridad, abrasa por donde pasa, se convierte en un imitador de Cristo.

Para ser una auténtica y fructífera pescadora de almas, la parroquia debe ser misionera, una comunidad en salida, como Jesús, en camino, que se fija en las orillas, en las personas que están en las orillas de la sociedad, marginadas por su pobreza o por su condición social, económica, por su sexo o por su nacionalidad.

La evangelización, la vida misionera, es una vocación y un deber de toda la comunidad parroquial. Decía Claret: “hacer con otros lo que sólo no puedo”. La evangelización, la salvación de almas en una parroquia no es algo que su párroco puede hacer solo; los necesita a ustedes, su comunidad parroquial. Celebrar estos 50 años debe reencender el espíritu misionero, debe renovar su amor comunitario a redescubrirse como comunidad de fe bajo el vínculo de la caridad y la misericordia.

“Hoy comienza una gran obra”, dijo Claret cuando fundó a la Congregación Hijos del Inmaculado Corazón de María”; hoy comienza una gran obra se dijo hace 50 años cuando se fundó esta parroquia y al celebrar estos 50 años, confiados en Dios decimos, hoy seguimos esta gran obra.

El tercer motivo de alegría es la instalación de su nuevo párroco. Felicito de todo corazón a su nuevo párroco, al padre José Vicente Martínez. Sé que lo reciben con cariño y el deseo de colaborar con él en la obra evangelizadora de la parroquia. Llega con el entusiasmo de un sacerdote recién ordenado y con un gran corazón misionero. Pasó muchos años en Cuba en una misión de mucha austeridad y de muchos sacrificios donde sirvió con mucha alegría.

Al concluir, pedimos ser inspirados por el glorioso testimonio evangélico de San Antonio María Claret para hacer de esta parroquia un lugar del encuentro con Dios y los hermanos.

¡Qué Viva San Antonia María Claret! ¡Que viva esta comunidad parroquial! ¡Que viva el nuevo párroco!

 

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