Obispado de Mayagüez


 

(Los agustinos han prestado sus servicios en toda la parte oeste de la isla mucho antes de que Mayagüez fuese constituida en Diócesis. El P. Pablo estuvo 48 años: 39 años en Aguada y otros 9 entre S. Germán, Cabo Rojo y Aguadilla)

En 1930 sale de Aguada, y es designado párroco de Santurce. Regresa a Aguada 3 años después, otra vez como párroco. En la Visita Pastoral del año 1933, Mons. Willinger aconseja terminar las obras del templo con una mera espadaña, para no gastar tanto dinero. Pero el P. Pablo, con el maestro de obras, Nacho Sánchez, pone su empeño en continuar con los planos. Se mueven por la Parroquia, barrios y familias, para conseguir chavos, y continúan hasta el final.
No se inaugurará el templo hasta agosto del año 1936. Precisamente unos meses antes tuvo que dejar Aguada por una enfermedad y no le correspondió a él la alegría de la inauguración sino al P. Luis González, el llamado versificador de Puerto Rico. Hoy, con sus espléndidas vidrieras, es uno de los templos que más merece ser visitado en la isla.
Del 1936 al 1939 reside en Cabo Rojo, como párroco, y los años siguientes en Santurce como Vicario Provincial de Puerto Rico. El P. Pablo regresa a Aguada en 1943 y será párroco de San Francisco de Asís por tercera vez.

En 1949 es nombrado Consejero Provincial y se traslada a España, donde ejercerá ese cometido desde Calahorra, a la vez que Subprior de la Comunidad y Maestro de Profesos. De 1955 a 1957 es trasladado a La Vega, en la República Dominicana, donde ejerce el oficio de superior y párroco. Del 1957 al 1959 vuelve a San Germán como coadjutor. Está en Aguada de nuevo dos años. Del 1962 al 1967 ejerce su ministerio en S. Germán, Cabo Rojo, Aguadilla y Santurce. Regresa a Aguada en 1967 hasta su muerte, el 1 de marzo de 1989 a los 68 años de vida sacerdotal.  Este esquema de fechas y lugares esconde unos valores extraordinarios en dos aspectos: el administrativo y el pastoral.

Por el primero le vemos en todo momento ejercer cargos de responsabilidad, dentro de la Orden Agustiniana, como Superior de las comunidades en las que vivió y de Maestro de Teólogos en Calahorra, donde tuvo que tomar decisiones muy dolorosas: varios tuvieron que dejar la carrera sacerdotal. También fue Consejero Provincial… Y, por lo que he oído de él, siempre los ejerció con solvencia positiva.

Por el segundo, el pastoral, ejerció de párroco en la mayor parte de su vida, si exceptuamos los últimos vividos en Aguada. Fue siempre una persona muy servicial, especialmente en las tareas apostólicas, por lo que se ganó el aprecio de sus feligreses. Amante del confesonario, tarea a la que dedicó muchas, muchas horas de su vida. En sus predicaciones dejaba ver frecuentemente su intenso amor a la Iglesia y a la Orden Agustiniana. Fue un gran devoto de la Santísima Virgen; caritativo con los pobres y enfermos, a los que visitaba regularmente. Entre sus inquietudes estaba el gusto por el estudio de la Sagrada Escritura, sobre todo en aquellas cuestiones más difíciles de abordar, como es la lectura y comprensión del Apocalipsis. Su entrega al ministerio sacerdotal hace que algunas personas, que le conocieron más de cerca, le recen como si ya le hubiesen canonizado.

La Fundación Puertorriqueña de Humanidades le otorgó su reconocimiento en octubre de 1987, dedicándole una escuela en el Barrio de Cruces. Y el 2 de noviembre de 2008 se le dedicó una  avenida de nuevo trazado, al lado de la dedicada al P. Lesmes, en torno al Centro de Espiritualidad N. M. de la Consolación.

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