El jíbaro puertorriqueño, que encunaba el hoy de dolor y el mañana de esperanza, no dudaba en reflexionar sobre la vida y la muerte. Era tal su abultado entendimiento que mandaba a construir, o el mismo lo hacía, algunas de tablas de bacalao, la caja o el féretro en que iba a ser depositado su cuerpo. Algunos la colocaban en la cumbrera donde dónde era expuesta para que todos la vieran.

Me llegó este pensamiento viendo las noticias que llegan de Ecuador. Debido a la falta de féretros han tenido que usar cajas de cartón para dar cristiana sepultura a sus muertos y otras hechas de “tela incautada de forma ilegal”. Esa inquietud de quedar bien hasta el último momento, es básico del que ha compartido fe y amor en este valle de lágrimas.

Nos toca ver de cerca los caídos en la batalla. Las guerras era distantes, las lágrimas en la lejanía. Hoy es diferente, todos somos limosneros del amor de Cristo, cercanos a una piedad sin límites. Y cada día es una lección nueva, un diccionario de palabras insinuadoras, cuídate, guarda la distancia, obedece las normas estrictas.

Lo básico es vivir; “primun vivere et deinde phisosofare”. Se gasta la vida ampliando la virtud y dominando la tierra. No hay cabida para el que se viste de enanito saltarín. Viendo al gobernador Cuomo de Nueva York, retorna la esperanza porque se presenta como luchador a tiempo completo sin deseos de protagonismos.

Se palpa poca fe en medio de la pandemia y se concibe la realidad como extremadamente frágil y el saludo del prójimo, en la distancia desde luego, como una intromisión desmedida. Nos preocupa más el gesto que la sonrisa llena de luz y de alegría. A veces, en el deseo de cumplir con lo establecido, se falta a la hermandad, catalogado, como base y cimiento de la convivencia.

Dar la mano, en circunstancias normales, tiene sintonía con la comunión que recibimos. También el gesto amable es curativo, porque procede de la dádiva de Cristo muerto y resucitado por nosotros. En el amor está la salud porque el odio enfermo y hace que la persona se recluya en sus adentros.

Siempre realistas, como nuestros antecesores; con la convicción de que el vivir desemboca en el morir. Algunos acogen esa manera de pensar. Otros, que construyen cajas para el enterramiento, se acostaban a dormir la siesta en ellas. Es una manera de hacer la vida más “light”. Allí dormían sus sueños y luego salían airosos para continuar con su labor de peregrino de todos los lugares.

A FAVOR

TRANSPARENCIA-

Para poder dar un paso firme y que el pueblo entienda el momento crucial, hace falta la lección de la verdad, de las explicaciones claras y precisas.

La inseguridad, el miedo, se contraen cuando los argumentos no dejan espacio a la duda, cuando lo dicho calma las expectativas del alma y del corazón.

Los momentos críticos requieren de la palabra exacta, del consuelo para los que llevan el duro peso de las calamidades colectivas.

EN CONTRA

INSOLVENTES-

Ya una vez se puso de relieve a los botaratas, a los que no ahorran, a los que viven el hoy sin pensar en el mañana.

Esta actitud, propia de muchos, es una forma de recostarse de los demás cuando la ruina económica toca a la puerta.

Una alcancía debe ser un recurso consolador cuando se cierran otras alternativas económicas.

Pretender vivir del cuento o a expensas del gobierno, fabrica sueños de poca duración.

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