A días de que el huracán María azotara el País un grupo de feligreses liderados por Padre José Colón de la parroquia Nuestra Señora del Carmen en Punta Santiago se dio a la tarea de ayudar a los más afectados. Se estima que un 90 % de los residentes del área perdieron sus pertenencias a consecuencia de la inundación de más de 8 pies que provocó la marejada ciclónica.

“Nos reunimos unos cuantos feligreses junto al Padre y comenzamos a visitar las casas más cerca de la parroquia para ver cuál era la mayor necesidad que tenían. Llorábamos con ellos, pero al final los dejábamos tranquilos. Ahí quedó demostrado que hay un solo Dios porque nos hemos reunido personas de todas las religiones”, dijo Lourdes Torres, feligrés de la parroquia, consejera y encargada del comedor comunitario.

Mientras su esposo, Carlos Velázquez que labora como maestro de educación física precisó que “el primer apoyo que dio la Iglesia fue psicológico de persona a persona. Queríamos que supieran que no estaban solos”.

Cabe mencionar, que la parroquia Nuestra Señora del Carmen también sintió la furia de los vientos y del agua. Durante el huracán las puertas principales del templo se abrieron de par en par, el agua arrastró los bancos de la iglesia hasta la calle, pero nada de lo que estaba en el presbiterio, el altar, o las imágenes sufrieron daño alguno.

Ante este hecho que muchos consideran como milagroso, Padre José destacó que “Dios no hizo esto en vano y vamos a servir”, de ahí surgió la idea de establecer un comedor comunitario para ofrecerle a los damnificados un plato de comida caliente. El sacerdote movió algunos contactos e hizo la primera compra. Después pidió ayuda a través de los medios de comunicación. Así llegó un chef de San Lorenzo y es él quien diariamente selecciona y elabora el menú que sirven de 11:30 de la mañana a 12:30 de la tarde en las instalaciones de la parroquia.

Carlos indicó que luego que Padre José anunciara que necesitaba donativos, muchas personas respondieron a su llamado, entre ellos un almacén de ventas al por mayor de la zona que donó 5 vagones llenos de comida y artículos de primera necesidad. A esta iniciativa se unieron otras compañías privadas e iglesias de otras denominaciones. También recibieron efectos escolares para los niños.

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De otro lado, el almuerzo se sirve de domingo a sábado; en la semana cocinan con los alimentos donados y en el fin de semana la Empresa José Santiago y la orden de Malta llevan los ingredientes para confeccionar los almuerzos.

Maritza Rivera, otra de las pioneras del equipo relató que sirven 200 platos de comida diariamente. Algunos almuerzan allí, otros se lo llevan. Es importante saber que ya los almuerzos no solo los reciben personas de la comunidad, sino que han llegado desde otros barrios y pueblos cercanos.

Además del comedor comunitario, entregan compras de alimentos, ropa y artículos de primera necesidad. Inicialmente lo hacían diariamente ahora es tres días a la semana; martes, jueves y sábado. “Se preparan unas mesas en el interior de la iglesia para que las personas en los días designados vayan y seleccionen lo que necesitan”, informó Maritza. Sobre la ropa, explicó que hay personas que la compran nueva y la donan. Otros traen ropa usada, “cuando la recibimos la verificamos porque mucha gente trae ropa manchada o rota. Antes de entregarla la lavamos, porque no queremos darle ropa sucia a nuestra gente, ya tienen suficiente con haberlo perdido todo”.

Relacionado con las compras de alimentos que se estaban entregando en la parroquia, Lourdes destacó que ya la crisis se atendió “le dimos el pez, ahora queremos enseñarlos a pescar. Por eso las compras ahora se reparten casa por casa dependiendo de las necesidades que nos vayan llegando”. Al cierre de esta edición Lourdes admitió que la única donación que han recibido del Gobierno fueron 75 catres y varias paletas de agua que se entregaron.

De otro lado, se informó que como parte de los esfuerzos del grupo se han realizado clínicas de salud con médicos, pediatras, psiquiatras, psicólogos, infectológos y trabajadores sociales para atender a los residentes de la comunidad.

Aun cuando faltan pocos días para que se cumplan 2 meses del paso del huracán, el grupo de voluntarios junto a Padre José está enfocado en levantar la economía de Punta Santiago. “En esta zona tenemos una Villa Pesquera y una asociación de 18 de pescadores que perdieron sus embarcaciones. Tenemos que ponerlos a trabajar y queremos ver cómo podemos ayudarlos”, dijo Lourdes.

Igualmente, quieren regresar a las casas de las familias impactadas para conocer cuáles son las necesidades que tienen ahora.Mientras tanto, siguen ayudando a toda la comunidad porque como dice Padre José “están allí para servir”

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