Como era costumbre, una vez al mes, La Promenada en el Edificio Sur del Centro Gubernamental de Minillas se transformaba en un altar para celebrar la Eucaristía a cargo de Padre Francisco Morales Feliú, mejor conocido como P. Paquito.

El pasado viernes, 17 de julio alrededor del medio día un grupo de fieles se reunió para celebrar la Santa Misa, esta vez para honrar la memoria en un ambiente emotivo, de quien por espacio de 12 años fuera el director espiritual de la comunidad de católicos de Minillas.
Fray Luis Miranda fue el celebrante junto con el diácono Alfredo Serrano. Mientras, Beatriz “Voz de Ángel” estuvo a cargo de los cánticos.

Durante la homilía, Fray Luis destacó que P. Paquito siempre tuvo el corazón de pastor. “Sentía por su pueblo, lloraba por su pueblo y también reía por su pueblo”, expresó.
Agregó que fue un sacerdote que murió con las botas puestas y que “amó intensamente a la Iglesia, amó intensamente la Palabra de Dios, amó intensamente el altar, la Eucaristía, la liturgia […]”
Poco antes de culminar su mensaje animó a los fieles diciendo: “Hoy le decimos al Padre Paquito gracias porque nos enseñaste, gracias por ser maestro, gracias por ser profeta, gracias por ser sacerdote”.

De otra parte, al lado izquierdo del altar se hallaba la urna con las cenizas del sacerdote, acompañada de su foto y un texto. Tal y como indicaba el mensaje, quienes conocieron a Padre Paquito estaban conscientes de que “fue un apasionado del Evangelio. Amó y reverenció la Eucaristía, predicó con unción del Espíritu Santo y era devoto de la Divina Misericordia”.
Concluida la Misa, se procedió con la bendición de los escapularios y se entregaron a los presentes.

En un aparte con El Visitante Gerardo Crespo Jiménez y Madeline Santiago Rivera, respectivos encargados de coordinar la misa, resaltaron que el fin de la celebración fue demostrar el amor y agradecimiento de lo que el Padre hizo por la comunidad.

“Nos dio muchas enseñanzas y en varias ocasiones nos llamaba la atención, pero era una atención con amor y para aprendizaje. Él se robó los corazones, de aquí y nos educó en lo que era la Palabra de Dios”, sentenció Santiago.

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