Tras el desplome de la vida familiar y el asedio del dinero, se ha quedado vacío el baúl de los recuerdos que contenía formas ingeniosas de salir airosos de los atolladeros y surgir con mucho ánimo y maña para dominar la tierra. Pocos recursos, el dinero escaso, el trabajo abundante, no era óbice para salirse con la suya y hacer milagros en medio de un vecindario de fórmulas caseras, instinto sutil y fe en Dios todopoderoso.

Los fármacos de jardín, unas cuantas frases en latín deficiente, sacados de las predicciones apocalípticas, dejaban su huella en el niño empachao, en lo comadre débil necesitada de vitamina B12. Esos aciertos casi milagros constituían un sí a la devoción al Cristo herido, a la medicina única que resaltaba las plantas y los mejunjes hogareños.

Es tal el borrón y cuenta nueva a una mentalidad fortalecida con “hágase tu voluntad” que los hijos de Borinquén borraron de su mente y de su corazón la magia del poderío humilde. Comenzaron a dudar, a apertrecharse de lo vacío e insignificante, a fabricar becerros de oro. Cuando el huracán María hizo estragos, muchos se quedaron a obscuros por semanas y meses. No era producto de la energía eléctrica, sino sequedad de pensamiento, originalidad, fuerza de voluntad que decide al instante y engendra optimismo casi de la nada.

La originalidad es fundamental para no caer en el derrotismo y en la idea para pre-establecida que no resuelve porque se inspira en el derroche intelectual sin reserva de la realidad absoluta. Mente, corazón, sentimientos y realidad establecen un todo de cohesión viva, que se nutre de un ayer virtuoso, de unas formas de salir triunfante de la adversidad y la dificultad.

Los nuevos moldes de ser y de existir son luminosos pero faltos de aquel instinto abrumador que brotaba como una solución del entorno necesitado. Las enfermedades, las epidemias, los pleitos, eran parte de una señorío espiritual que se imponía en sobos, en teses en verdades que no deban tregua a malos entendidos.

No hay que rehuir la modernidad y su cauce arrollador, pero hay que instalarlo dentro de un todo de sabiduría que incorpora el ayer de fórmulas vivas, asequible a todo hombre y mujer de buena voluntad. Vivir dentro de la sutileza de los medios de comunicación, sin más amplitud histórica, ni circunstancial, es amputar la mono que se ofrece reverentemente la fe y la práctica religiosa.

No se puede olvidar el trecho caminado en que lo íntimo se multiplicaba en salud, en educación, en libertad. Dominar la tierra va a la par con toda una tradición de amar, servir, compañerismo. Un mundo mejor es el producto de una historia vivida al lado del respeto, el esfuerzo, el amor. Olvidar todo lo aprendido y apegarse a la felicidad momentánea, despreciando la intuición de los detalles del alma, es un salto al vacío, a la desolación.

P. Efraín Zabala Torres

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here